"Sirius" .... (con especial dedicatoria a Carolina Villa) - El Foro Libre
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"Sirius" .... (con especial dedicatoria a Carolina Villa)

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  • Sirius2b
    Le Zumba la Malanga
    • mar 2012
    • 5501

    "Sirius" .... (con especial dedicatoria a Carolina Villa)

    Hola, Carolina...

    Es desafortunado que hasta apenas el día de hoy, leyera lo que llevas sobre la historia de la "ninfómana amateur". La verdad que me ha parecido muy bueno, y te SUPLICO que lo continúes tan pronto como puedas.

    No me explico porque solo hemos comentado pocos en tu tema. Me supongo que es por lo mismo que me ocurrió a mi: Mucha gente del foro principal no nos damos nuestras escapadas a los foros "de abajo" tanto como deberíamos.

    Aunque "supuestamente" no pensamos similar, y hasta creo que me tienes un poco de ojeriza... yo yo a ti te respeto, y después de leer lo que has puesto, ya siento que te estimo.

    Por eso, hoy mismo he puesto este viejo texto mio, apenas empezado, muchas veces postergado en su continuación... ojalá que mutuamente nos podamos motivar para ir escribiendo... si quieres, compitiendo uno con el otro en buena lid.

    Saludos respetuosos.

    P.S.

    Aclaro que el texto de abajo es apenas un esbozo inacabado, NO REVISADO y que tal como está, puede parecer muy malo e inexacto en muchos detalles... o quizá es que el texto de por si es malo... pero es mio, y quiero continuarlo. Y como te digo, ojalá pidiéramos motivarnos mutuamente a continuar nuestras obras.
    Editado por última vez por Sirius2b; http://www.elforolibre.com/member/59-sirius2b en 09/02/14, 23:18:35.
    "He regrezado... "
    http://i208.photobucket.com/albums/bb52/Sirius2b/toddd_zpse30b5e35.png
  • Sirius2b
    Le Zumba la Malanga
    • mar 2012
    • 5501

    #2
    I.
    El complejo del Instituto era algo muy especial. Los edificios de alguna manera reflejaban en su arquitectura la pertenencia al sistema de la UNAM: Arquitectura funcionalista mexicana, insertada en una urbanización general, en la que cualquier arquitecto mexicano reconocería las influencias de Mario Pani, Luis Barragan y Juan O’Gorman, con detalles que le daban una personalidad propia y algo dramática. Los cuatro edificios principales del complejo formaban un perímetro cuadrangular extenso. El patio central formado por ellos, estaba completamente ocupado por una fuente monumental que ocupaba los más de 3000 m2, en la cual, a partir de los edificios, pequeñas cascadas de agua caían en escalones cada vez menos pronunciados hasta un sumidero central.

    Bajo la luz del sol tropical, los destellos del agua formaban un espectáculo digno de ver. Los cuadrados edificios en sí mismos le parecerían a cualquier extranjero una mezcla de estilos, con algo de Bauhaus y Le Corbusier. Sus ventanas eran profundas, ideales para no dejar entrar en exceso al sol y mantener frescos los laboratorios y los valiosos equipos. Sobre los largos pasillos, las mangueras de servicio de gas, electricidad, agua y comunicaciones corrían sobre las góndolas que las soportaban. A la entrada de cada laboratorio estaba ubicada una pequeña ducha para casos de emergencia (de fuego o química), y aunque el edificios solo eran de 3 pisos, cada uno contaba con dos ascensores, siempre en buen funcionamiento. Como siempre, en México, y en especial de las universidades públicas, el cuidado de los edificios reflejaba la cultura del propio alumnado, y su amor por el estudio.

    A Sirius le gustaba mucho caminar por los largos pasillos y jardines del Instituto, y a veces se aventuraba – contra los consejos del Profesor – más allá, ya que el cercado perimetral tenía algunas brechas… y en estos malos tiempos de conflicto, era imposible cuidar de todos y cada uno de los detalles. Incluso cuando el sol estaba en su cenit y caía inmisericorde sobre el paisaje semi-desértico, Sirius disfrutaba enormemente el adentrarse entre los arbustos y árboles bajos donde los pájaros cantaban y hacían sus nidos, prácticamente al alcance de la mano. A veces se cruzaba en su camino un conejo que le permitía acercarse bastante, casi hasta tocarlo, antes de que este se retirara. En eso no había cambiado en nada el Instituto, como se lo había contado el Profesor.

    Incluso en un espacio de unas pocas decenas de hectáreas, los animales se comportaban en forma diferente que afuera – donde muy comúnmente eran agredidos – por niños y adultos, ignorantes y supersticiosos, prietos y malhablados – a pedradas, sin motivo alguno. Dentro del complejo sin embargo, los colibríes y otras aves hacían sus nidos a la altura de los ojos de las personas. Incluso los pequeños jardines, diseñados científicamente, rebosaban de exóticos insectos, tales como las enormes langostas carnívoras en forma de hoja de más de 20 centímetros, mantis religiosas de varios tipos, y ruidosas cigarras. Se les veía muy a menudo, posadas en las porosas paredes de concreto, recubiertas de musgo.
    “Si, aquí los animales se comportan en forma diferente, y todo es debido a que es aquí donde el espíritu humano verdadero puede expresarse. Los animales aprenden que no es necesario temer a los humanos.” Filosofó esto Sirius, algo que el Profesor hubiera podido encontrar muy interesante, si hubiera estado ahí para acompañarlo.

    Generalmente se pensaría que cualquier tipo de arquitectura es inevitablemente “abiológica”, o si se quiere, anti-ecológica. Pero en el desierto, eso no es necesariamente cierto. Las “jardineras” del complejo, que separaban los distintos edificios, estaban sembradas por flora adaptada a la exposición al sol esperada, de acuerdo a su orientación a los edificios. Esto se complementaba con que la lluvia recibida en el complejo, sobre todo en los techos de los edificios, era almacenada y administrada – de acuerdo a estudios pluviométricos – por ingeniosos sistemas pasivos hacia ellas. Incluso sin grandes cuidados de jardinería, esas áreas verdes estaban siempre rebosantes con especies de arboles de muchos tipos distintos – hileras de coníferas de un lado del edificio, con una olorosa alfombra de agujas caídas en su base, grandes sahuaros del desierto, al otro lado, – que formaban pequeños micro-ecosistemas casi completamente equilibrados, y contrastaban perfectamente con las dramáticas líneas de los edificios.

    El día de hoy, Sirius tenía planeado salir de nuevo, y explorar fuera de los límites del instituto. Saliendo del complejo mayor, por la entrada principal, caminó, bajando por el camino asfaltado del “Circuito Escolar” hasta que se encontró con un camino lateral de terracería que lo llevó hasta la barda metálica que cercaba el perímetro del instituto. En un punto que el conocía, relativamente oculto por los secos pastos y arbustos que últimamente abundaban junto a la barda del perímetro, había un agujero en su base. Sirius se arrastro por debajo de ella y salió al exterior. Sirius salió a campo abierto y desde lo cierta altura contempló un pequeño valle de arbustos bajos y pastos secos, que a primera vista recordaba algo de las estepas africanas, salvo que era bastante rocoso, típico de ciertas regiones centrales de México. A pocos kilómetros de distancia, alcanzaba a distinguir un pueblo, que estaba al otro lado del pequeño valle.

    El Profesor, quien sospechaba que, en contra de sus consejos, Sirius se aventuraba de vez en cuando fuera del complejo donde estaba el Instituto, le había dicho que no debía acercarse por ahí.

    II.
    El pueblo, gris, miserable conjunto de viviendas de tabique de cemento desnudo y sin pintar, tal vez de 10,000 habitantes, parecía muerto durante el día… por las noches, maleantes de todos tipos salían y se juntaban en grupo en las esquinas, principalmente, para compartir y traficar drogas.Las prostitutas, desde niñas hasta ancianas, salían en bandadas de noche también. Incluso a pesar de que la STF (Stabilization Task Force) anunciaba de vez en cuando toques de queda generales para la región, en ese pueblo en particular no eran estrictas las medidas. La más aparente autoridad civil, el “alcalde” derechista, que al mismo tiempo fungía también como cura de la iglesia del pueblo, había sido aceptado por la STF como “vocero de la población” ante las autoridades de la STF y el ya casi invisible “gobierno federal mexicano”.

    El “alcalde” también controlaba la mayor parte del tráfico de drogas en esa región, y compartía con muchas partes las ganancias a través de una red de corrupción… incluidos algunos mandos regionales de la STF. Sus bonos con ella subían, además, por el hecho de que ayudaba a mantener aterrorizada y pasiva a la población, ya mediante sus propios “levantones”, ya mediante la explotación de la ignorancia y la superstición religiosa de la “gente sencilla”.
    La STF estaba formada por una coalición de tropas norteamericanas y de la OTAN, más un gran número de mercenarios y asesinos de “empresas de seguridad privada”, como “Blackwater”. A veces, la aviación israelí también se apersonaba, cuando deseaba hacer ejercicios y probar nuevas armas, cruzando el atlántico con recargas de combustible en el aire, cortesía de los norteamericanos. La STF habían entrado en México en respuesta a los repetidos pedidos del gobierno derechista por una fuerza de intervención extranjera para luchar “contra el crimen organizado y el narcotráfico” (es decir, para asesinar mexicanos).

    Inicialmente se propuso que la STF operaría “solo en la franja fronteriza con los Estados Unidos”. Sin embargo, rápidamente su área de operación se había desplazado más al sur. Gran parte de las fuerzas de la STF eran veteranas de Irak y Afghanistan, y rápidamente los campos de detención y tortura aparecieron por doquier. Fosas comunes con miles de personas asesinadas, comenzaron a ser encontradas en los desiertos del norte de México, sobre todo a lado de ciudades como Juárez o Monterrey. Los pueblos donde se sospechaba que “existía actividad narcotraficante” eran comúnmente atacados desde el aire por la aviación norteamericana e israelí, y por artillería de campaña. Cuando estos ataques aéreos y artilleros genocidas cayeron inicialmente sobre pueblos apartados o los barrios marginales alrededor de las ciudades – “fuente de reclutamiento del crimen organizado” – las racistas y clasistas “clases medias” norteñas y el “empresariado” de ciudades como Monterrey aplaudieron a rabiar.

    Sin embargo, cuando las bombas de racimo y el fosforo blanco israelíes comenzaron a caer también sobre “la gente bonita”, gran parte de ellos huyo en masa hacia el sur, hacia la por ellos odiada “Chilangolandia” (la capital mexicana). Sin embargo, a pesar de que la intervención había durado ya más de dos años, los niveles de tráfico de drogas hacia los USA, el consumo de drogas entre la población en el área de operación de la STF, y sobre todo, los indicios de que las bandas de narcotraficantes realmente eran la que controlaban la vida en esas zonas, no había hecho más que aumentar con el tiempo. Por su parte, las así llamada “insurgencia comunista” habían surgido apenas después de la entrada de las tropas de intervención. Estos llamados “terroristas” – que algunos llamaban también “resistencia mexicana” por comparación con Irak y Afganistán – eran más activos en el Sur, en aquellos lugares donde el nacionalismo era más arraigado, y la Civilización de la Ciudad de México y sus gobiernos de izquierda, eran más acusado. Inicialmente la STF, “en coordinación” con las ya casi inexistentes “fuerzas armadas del gobierno federal”, habían operado casi hasta la región cercana a la ciudad de México, implantando como en el Norte del país métodos sanguinarios para amedrentar a la población.

    Pero los “terroristas de izquierda” habían hecho imposible a la larga su operación en esas zonas. Docenas de tanques M1-Abrams y Krauss Maffei Leopard II chamuscados – impactados por proyectiles antitanques rusos jaloneaban los caminos entre San Luis y la Ciudad de México. Y cada mes que pasaba, la resistencia izquierdista continuaba liberando suelo mexicano
    "He regrezado... "
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    • Sirius2b
      Le Zumba la Malanga
      • mar 2012
      • 5501

      #3
      III.
      Sirius caminó por el sendero, con altas hierbas secas (era finales de noviembre) a ambos lados del sendero. Avanzó unos cuantos miles de metros, y la cercanía del pueblo se hizo cada vez más evidente en forma de basura en el sendero (latas de refresco, pañales usados). El sensible aroma de Sirius, muchas veces más sensible que el de cualquier persona, funcionaba como un radar en medio de la maleza. La humedad de su negra nariz le decía la dirección en la cual la brisa soplaba en un momento dado. Los cambios de intensidad de los olores junto con la dirección de la brisa, eran integrados por su cerebro en el bulbo olfatorio. A diferencia de los humanos, Sirius podía decir por el olor, no solamente “qué” estaba cerca de él, sino “dónde” estaba. En el laboratorio, Sirius había sido objeto de estudios psicológicos, entre ellos, estudios de umbral de sensación, principalmente sobre su olfato y su oído.

      Durante ellos, se habían hecho como en otras ocasiones, “para matar dos pájaros de un tiro”, ejercicios de bio-retroalimentación asistidos, supervisados por el Profesor. Gracias a ellos, al igual que en varios otros aspectos, Sirius había aprendido a potenciar sus habilidades naturales (y otras no tan naturales), a voluntad. Caminando entre la hierba alta, el fino oído y olfato de Sirius le decía exactamente lo que encontraría adelante, mucho antes de que eso se encontrara en su alcance visual. Sirius escucho a lo lejos voces. Parecían voces de niños. Sirius ya había escuchado las voces de niños anteriormente. Eventualmente, uno de los investigadores había traído a alguno de sus hijos. Por lo general, los niños mostraban un interés en Sirius, mirándolo las más de las veces con enormes ojos sorprendidos, a veces tras gafas, ante el enorme cánido con una todavía más enorme cabeza, con su “turbante” de vendas.

      Los niños generalmente terminaban pidiendo el poder acariciar su lomo o abrazándolo del cuello, a lo que el perrazo lobuno accedía con una inclinación de la cabeza. Sirius había decidido que le caían bien los niños humanos. También su olor le gustaba, una mezcla de jabón y de salada transpiración, todavía muy baja en esteroides y feromonas. Sirius ya alcanzaba a ver algo, moviéndose en un claro abierto entre la hierba seca. Era un camino para vehículos, que se habría en ambas direcciones perpendicular al camino que Sirius estaba siguiendo. Caminó con cuidado, ya que no quería asustar a los niños. Tratando de cubrirse con la hierba y los arbustos secos a medida que avanzaba despacio.

      - Órale, pinche p..., pendejo… clávaselo ya!.

      Sirius se detuvo en seco y el pelo del cuello se le erizó un poco. Esa voz parecía tener los tonos característicos de un niño, un humano joven, como los que había conocido en los laboratorios… pero el tono rasposo, que pretendía ser maligno (con mucho éxito), le sorprendió más que las palabras mismas. En la base de su cerebro, la amígdala y su hipotálamo habían comenzado una activación simpática. Sirius la dejó correr, conscientemente: No sabía lo que seguiría. Se agachó aún más, y trató de moverse lo más furtivamente entre la vegetación, confundirse con ella.

      - Ya, pinche p... – ruidos de golpes – Ya deja de estar jodiendo.
      - Ya, clávasela wey, o te la clavo yo, p…

      Sirius buscó dentro de si mismo, en su “conexión”, esas palabras, concentrándose especialmente en ellas… pero dentro de su cabeza había silencio. No estaban ahí. Ahora alcanzaba a distinguirlos: Eran dos niños de 9, 10 años, muy morenos y delgados, vestidos con andrajos. Pantalones sucios de mezclilla y zapatillas deportivas. Uno llevaba una camiseta a rallas roja, y otra una lisa verde, con grandes lamparones más obscuros. Estaban inclinados sobre un cachorro mestizo de quizá 1 mes, que yacía en el polvo del camino y que se veía en deplorable estado. Su pelaje estaba carcomido aquí y allá por violenta sarna. Una de sus patitas estaba en posición extraña – seguramente rota. Roja y brillante sangre se veía en la comisura de los labios y en la nariz, parecía brotar un poco más a cada respiración entrecortada del animalillo. En el cuello tenía amarrado delgado mecate, de un tipo corriente y abrasivo. A Sirius le causó horror el ver como el nudo corredizo apretaba la garganta del cachorrillo. Uno de los niños tenía en la mano un enorme clavo oxidado.

      - Ya clávaselo, no que muy machín. Órale, ya clávaselo a ver si aúlla.

      Por un momento, los instintos de Sirius lo instaron a lanzarse ladrando contra los dos rapaces. Sin embargo, se contuvo. El Profesor le había dicho que no debía dejarse ver en lo posible por nadie fuera del Instituto. Sirius le había dado su palabra más solemne. Ya había desobedecido al Profesor por el mero hecho de encontrarse ahí… pero sólo porque pensaba que la emoción de la travesura era inconsecuente. Mucho habían conversado el Profesor y él sobre las posibles consecuencias de dejarse ver por ahí, no solo para Sirius, sino también para el Profesor y sus amigos. Sirius permaneció echado.

      Pero ahora sus orejas se levantaron en un reflejo: Se escuchaban ruidos en el camino. Sirius escuchó el ronronear de un motor y sintió las vibraciones transmitidas por el suelo. Los dos rapaces, discutiendo a gritos y jugando a darse empeñones mutuamente, no escucharon nada. Un pesado vehículo humvee apareció de repente por una curva cercana del camino.

      Los dos niños hicieron un movimiento para salir corriendo, pero de repente, el suelo frente a ellos se levantó en pequeños geiseres, al mismo tiempo que el tableteo de un arma golpeaba los sensibles oídos de Sirius. -¡Quietos¡ ¡Joder!

      IV.
      Enrique Lynxx, nativo de Galicia, se había enlistado en el ejército español, aunque esa no había sido la primera opción que había imaginado para su vida. Eso había sido resultado de la crisis económica del 2011 que había sacado a la juventud española a las calles, cansada ya del altísimo desempleo y de las pocas perspectivas de futuro que tenía a la vista. Como en otros países, tales como México, USA, Chile, etc. en donde las políticas neoliberales duras eran consideradas por casi toda la clase política casi una “ley de la naturaleza”, el desempleo masivo de la fuerza de trabajo joven y la precariedad vital, finalmente terminaban por explotar en graves problemas sociales.

      Enrique había perdió una beca de un programa especial para la Universidad Complutense de Madrid, en informática. Lo peor es que él se sabía bueno en ese campo, y durante sus estudios medios había obtenido notas altas en eso, y se sentía orgulloso de algunos programas que había creado durante los proyectos escolares. En el examen para entrar, que había realizado junto con otros aspirantes al programa, se había sentido confiado, y mucho más cuando unos días después, al ser publicados los resultados, vio que sus notas eran de las más altas para su grupo. Sin embargo, poco después se enteró que el programa de becas del gobierno español había sido reducida, y solo la cuarta parte de las plazas estarían disponibles. De todas maneras, confiado en sus notas, Enrique se presentó ante el panel (formado por 5 maestros) para su evaluación psicológica-vocacional.
      "He regrezado... "
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      • Sirius2b
        Le Zumba la Malanga
        • mar 2012
        • 5501

        #4
        Durante la entrevista, Enrique se dio cuenta que los panelistas escarbaron su historia académica y vital, no para ver hacer un juicio profesional de su capacidad, sino en busca de pretextos para no darle la beca, en particular un par de brujas con cara de frígidas, que parecían obtener un placer especial en buscar pretextos estúpidos y humillar al entrevistado. A los quince minutos de iniciada la entrevista ya Enrique se había levantado de su asiento y casi loco de frustración, se había acercado a la bruja más cercana lanzándole un escupitajo que aterrizó (formidable puntería) en uno de sus crueles ojos azules. Durante las semanas que siguieron, Enrique (desempleado, como más de la mitad de los jóvenes españoles) casi no había salido de su cuarto, que sus padres le habían alquilado en Madrid en previsión a su entrada a la Universidad. Se alimentaba a puñados de cereal “Cruchy Tasty” (con fresa deshidratada) acompañada con agua del grifo. Se conectaba a internet a ratos, entrando algunos foros derechistas, que hablaban, sobre todo, de cómo los inmigrantes, el PSOE y los izquierdistas, estaban destruyendo a España.

        Ya desde mucho antes, Enrique odiaba a los inmigrantes, sobre todo a los sudakas. En el pecho tenia grabado una cruz celta, así como el código del haplogrup R1b1b2a1b5 con el que se identificaba. Era un fanático de la cultura celta, que para muchos jóvenes españoles racistas de su edad, e inseguros de su 'europeidad' era una verdadera cultura española. En los foros europeos más biológicamente racistas, un tema que nunca faltaba y era siempre actual, era la discusión sobre si los españoles eran verdaderos europeos o moros.

        Youtube estaba lleno a reventar de videos en donde la “blancura” y “europeidad” de los españoles se ponía sobre el tapete, por parte de muchos racistas europeos (sobre todo franceses). Los jóvenes españoles racistas y “skins”, generalmente se defendían lanzando terribles ataques racistas contra todos los “indios latinoamericanos y los moros”, según esto, “culpables” de que a los españoles se les pintara en Hollywood como una especie de sub-raza de prietos Mexicanos o Marroquíes. [1][2][3].

        Por lo demás, su preocupación no estaba injustificada, ya que no era raro que algunos españoles sufrieran desaires o hasta ataques físicos, al ser confundidos en Turcos en las calles alemanas, o bien caucasianos o gitanos en Europa del Este. Claro, había muchos españoles de mentalidad más abierta, que se veían a si mismos, a mucho orgullo, como el resultado de la mezcla de muchos pueblos, europeos y mediterráneos, y que su europeidad no estaba en duda, simplemente por la geografía. Pero a este tipo, no pertenecía Enrique Lynxx. Este estaba plenamente convencido que la culpa de todo lo que vivía, era de los inmigrantes magrebíes y sudakas. Esos salvajes habían sobrecargado la Hacienda española y robado las oportunidades para esta generación de jóvenes españoles.

        Su sangre “sucia” era el motivo por el que España no era aceptada como igual por la comunidad europea racista del internet, al que él (nunca se pregunto a si mismo el porqué) le interesaba tanto ser parte. Por supuesto, en ningún momento le pasó por la cabeza de que la culpa de la falta de oportunidades fuera de decadente capitalismo europeo en comparación con la industrialización de Asia, producto de políticas neoliberales a ultranza, o de una política monetaria Europea que trabajaba a favor de las exportaciones alemanas, pero desequilibraba el comercio de países con menos tecnología (España había perdido el 20% de su clase media desde 1975)… o que la culpa fuera de la influencia de altas finanzas internacionales, sobre todo de la española misma, que afectaban la competitividad y el bienestar social de su propio país, al forzar políticas económicas que velaran por sus propios intereses, y no por los de la Sociedad en general.

        V.
        Ahora, pocos años después, aquí estaba Enrique Lynxx, acantonado en un campamento de la fuerza de intervención de la OTAN en México. En sus reuniones con soldados gringos y europeos, detestaba que hicieran referencia al flamenco como ejemplo de la cultura 'española' (“Ah, Spaniard?” – y un gesto simulando castañuelas). El odiaba eso. Por el contrario, el la veía en ellos no más que un símbolo gitano, ajeno a la “verdadera” cultura española, es decir, celta. Por lo mismo la visión de la Alambra no le parecía nada admirable (el mandaría derruir), sino solo un símbolo del peligroso islamismo del pasado, que los españoles de 'sangre pura' volverían a vencer en el presente. En el campamento español no tenía muchos amigos, pero en una fiesta reciente había conocido a un muchacho alemán que parecía compartir algunos de sus puntos de vista. VI. Albert Bäumer, chico delgado de 24, pelo pajizo y soñadores ojos grises. Los fines de semana coincidían sus salidas con las de Enrique, y entonces en algún vehículo de la división, paseaban por ahí, platicando de sus temas preferidos.

        Albert provenía de Chemnitz, de un barrio obrero marginal a las afueras de la ciudad. Tenía un hermano 'skin', ferviente seguidor de Udo Voigt, del NPD. A través de su hermano era que mantenía contacto frecuente con la escena nazi local. Su hermano participaba en frecuentes peleas callejeras fuera del Gymnasium local, contra bandas rivales de jóvenes Turcos por un lado, y por otro con los 'rusos'. Los "rusos" eran jóvenes de sangre alemana que habían emigrado desde la caída de la Unión Soviética, sobre todo desde Kazajstán, aprovechando un programa de la BRD, según la cual cualquier persona de sangre alemana tenía derecho a la residencia en Alemania, por ser un "nacional alemán". Esa política de "Volksdeutsche" - de preferencia por la sangre por sobre meras consideraciones de carácter "legal" - era uno de esos aspectos poco conocidas (o más bien, poco dados a conocer) entre la gente Latinoamericana y otras latitudes atrasadas.

        Lavadas del cerebro durante décadas, de que Alemania y otros países "civilizados" se regían bajo los mismos estándares de supuesta "cultura occidental común". Lo cierto, es que para los habitantes de los países desarrollados (empezando precisamente por los USA, España y Alemania, la noción de un Mexicano como un "occidental", era un sin sentido). Y además, la noción de que la vida de un "cafecito" tenía algún valor, era para la mayoría de esa gente todavía más extraña. Regresando a los "rusos": Estos jóvenes, ya ahí en Alemania, sin embargo, la increíble capacidad de la sociedad alemana para alienar, había logrado que estos nunca se sintieran integrados, y por el contrario, se sintieran ardientemente 'rusos', en medio de 'nimiensky' cabezas cuadradas.

        Albert, sin embargo no se sentía tan atraído por la escena nazi, aunque era admirador de Thilo Sarrazín y su demagogia populista, según la cual, turcos, árabes y anexos, no tenían los genes necesarios para pasar de simples vendedores callejeros de fruta, o de 'döner' (sándwich de kebab). Enrique se apeo del humvee y se aproximo a los niños, mientras los mantenía encañonados. Bäumer también se apeo, con su pistola Glock P-25 en mano.

        - ¿Porque habéis querido huir, indios malparidos? Manos en la nuca... en la nuca, joder!.. Tú - señalando al de la camiseta verde - ven aquí, vacía los bolsillos. Quitaos los zapatos.

        Ahora tendeos al suelo. Una rápida inspección de la escena hizo evidente que no estaban colocando ninguna RSB (road side bomb), ni estaban armados. -Scneisse! - exclamo Bäumer al ver de cerca al cachorrillo agonizante, con la gravilla del camino pegada al cuerpo por la sangre ya semi coagulada que había brotado de su boca. Sus ojillos entrecerrados parecían ya indiferentes a todo. Bäumer tomo su cuchillo y corto hábilmente la cuerda alrededor del cuello del animalillo. Esto pareció revivirlo.

        - Hey, Enrique, I think we could take it to the vet of the division. Enrique estaba en los suyo. - ¡Poneos de pie, indios! - grito Enrique. Los niños se pusieron de pie.

        Temblaban de miedo, y sus caras estaban húmedas por las lágrimas y los mocos.

        - Señor, yo no hice nada. Mi papa trabaja para los americanos...

        La pesada y ruda suela de la bota militar golpeo el pecho del niño, fracturando dos costillas y despidiéndolo 3 metros hacia atrás. La cacha del arma de Enrique se clavó en los labios del otro niño, hundiendo todos sus incisivos hacia el interior de la cavidad bucal.

        Bäumer coloco al cachorrillo en el asiento trasero del Humvee, formando con una frazada que encontró en la parte trasera del vehículo una especie de cuna cómoda.

        - Ruhe, ruhe mein kleine Welppschen... lch werde für dich kümmern... - le decía al cachorro, cual si fuera un bebe. Los niños yacían ya inmóviles, despatarrados en el suelo, aunque Enrique no parecía todavía cansado de patearlos.

        - We have not time for this - dijo Bäumer, desenfundando de nuevo la Glock y a continuación disparando una bala a cada niño en la cabeza.

        (Continuará...)
        "He regrezado... "
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        • Raven
          Sub iugum
          • mar 2012
          • 2271

          #5
          Huy, Sirius, no puedo competir contigo, ni con nadie!! Solamente conmigo misma. Más considerando que tenemos estilos muy distintos. pero agradezco que me leas y que te interesen las piñaventuras de la Bobkittie. Me encanta lo que has escrito y ya quiero ir a partirle su mandarina en gajos al méndigo de Enrique y al baboso de Albert.
          Gracias por la dedicatoria y continuaré leyéndote!! Buenísimo tema. :)
          Nena lacónica. La papa en la boca y musho, musho sol. Achingá, esa era neurótica.

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          Trabajando...
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