Leer "Cien años de soledad" sin dormirse - El Foro Libre
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    chucha cuerera
    • mar 2012
    • 4776

    #61
    que buen tema
    "LA ADMINISTRACION DE UN FORO ES UNA POSICION DE SERVICIO NO DE PODER"

    Comentario

    • mileyes
      Le Zumba la Malanga
      • abr 2012
      • 14498

      #62
      PÁG. 53

      Úrsula le entregó una pistola a Aureliano, quien le dijo que no le serviría de nada, pero la aceptó por si acaso registraban a la señora al salir.

      Sostuvieron la conversación "cotidiana de siempre".

      Úrsula le dio un dulce de leche y le recomendó piedras calientes para los golondrinos que le habían salido en las axilas.

      Aureliano le entregó a Úrsula unos versos escritos a Remedios. Le pidió que nadie los leyera. Aureliano le dijo a Úrsula que no se despidiera, que hiciera de cuenta que lo habían fusilado hace tiempo. Ella se mordió los labios para no llorar.

      Comentario

      • parmenides
        Stary bolshevik
        • mar 2012
        • 6989

        #63
        Quién diría que Don Milhoyos se convertiría en uno de los lectores y difusores más entusiastas de las obras del Gabo.

        A ver si en una de esas no se le quita lo pendejo y se va a trolear foros fascistas y anti-abortistas.
        Chingue a su madre Soytupadre.



        Comentario

        • mileyes
          Le Zumba la Malanga
          • abr 2012
          • 14498

          #64
          Originalmente publicado por parmenides Ver Mensaje
          Quién diría que Don Milhoyos se convertiría en uno de los lectores y difusores más entusiastas de las obras del Gabo.
          :
          Uno tiene que conocer a todos los escritores básicos.

          Podría abrir muchas discusiones sobre ellos, pero prefiero ir uno por uno antes de que al torpe del Jacobobo se le ocurra hacer otra de las suyas.

          Para el muy torpe, hay que juntar en una sola discusión una línea sobre el luchador Huracán Ramírez y otra sobre los estragos que causó un huracán en Florida.

          Comentario

          • mileyes
            Le Zumba la Malanga
            • abr 2012
            • 14498

            #65
            PÁG. 54

            Aureliano presagiaba la muerte, y ello le había salvado la vida en varias ocasiones, como cuando una mujer estuvo a punto de dispararle fingiendo buscarlo para tener sexo (a la Judith y Holofernes). Pero en cambio, su don del presagio le falló un día que apuñalaron a un amigo suyo.

            En esta ocasión la muerte no se le anunciaba.

            Aureliano, atormentado todo el tiempo por el dolor de sus golondrinos (inflamaciones) axilares, sentía rabia de morir y dejar tantas cosas sin terminar.

            Los soldados temían ejecutar la sentencia porque se rumoreaba que todos ellos serían asesinados por la venganza del pueblo.

            Una papeleta en un sorteo señaló a Roque Carnicero como el encargado de dirigir la ejecución.

            Rebeca y José Arcadio se asomaron por la ventana cuando Aureliano era conducido al paredón.

            Aureliano se sentía impotente: "Tanto joderse para que lo maten a uno seis maricas sin poder nada" y secretaba bilis del coraje: "una sustancia viscosa y amarga que le adormeció la lengua y lo obligó a cerrar los ojos".

            "Entonces desapareció el resplandor de aluminio del amanecer" y volvió a verse a sí mismo de niño, cuando descubrió el hielo.

            De repente oyó un grito que creyó que era la orden de dispararle, por lo que esperó "encontrarse con la trayectoria incandescente de los proyectiles".

            José Arcadio había llegado a su rescate y apuntaba con una escopeta al capitán Roque Carnicero.

            Comentario

            • mileyes
              Le Zumba la Malanga
              • abr 2012
              • 14498

              #66
              PÁG. 55

              "Ahí empezó otra guerra. El capitán Roque Carnicero y sus seis hombres se fueron con el coronel Aureliano Buendía a liberar al general revolucionario Victorio Medina, condenado a muerte en Riohacha."

              Llegaron tarde. Él ya había sido fusilado, pero ahí establecieron un cuartel general. Informes de telégrafo contradictorios ubicaban a Buendía en diferentes sitios, de donde surgió la leyenda de su ubicuidad.

              Sus enemigos advirtieron telegráficamente a Aureliano que fusilarían a un cautivo, el coronel Gerineldo Márquez, si no replegaba sus fuerzas.

              A Aureliano le alegró saber que ya existía telégrafo en Macondo y replicó con otra amenaza: que de proceder así, él ejecutaría a todos los oficiales enemigos presos, comenzando por los generales.

              La casa de los Buendía estaba llena de niños. Contra la última voluntad de Arcadio, a la niña se le bautizó como Remedios. Además nacieron otros dos gemelos de Sofía. Úrsula estableción un parvulario en su casa, con todos esos niños y los de vecinas.

              "Cuando regresó el coronel Aureliano Buendía, entre estampidos de cohetes y repiques de campanas, un coro infantil le dio la bienvenida a casa. Aureliano Buendía, largo como su abuelo, vestido de oficial revolucionario, le rindió honores militares."

              Comentario

              • mileyes
                Le Zumba la Malanga
                • abr 2012
                • 14498

                #67
                PÁG. 56

                Una noticia era mala: la muerte de José Arcadio, con Rebeca como la sospechosa del crimen.

                Resulta que ellos fueron a vivir a la casa construida por Arcadio, "a la sombra de un almendro privilegiado con tres nidos de petirrojos, con una puerta grande para visitas y cuatro ventanas para la luz".


                José Arcadio regresaba de una cacería. Dejó los perros amarrados y los conejos colgados. Rebeca alega que estaba en el baño y no se dio cuenta de nada. El caso es que "el estampido de un pistoletazo retumbó la casa".

                García Márquez dedica aquí mucho texto para describir el recorrido de la sangre que salió del oído de la víctima: "salió por debajo de la puerta, atravesó la puerta, salió a la calle, siguió en un curso directo por los andenes disparejos...", hasta pasar por donde estaban Amaranta y Aureliano José.

                Amaranta siguió el hilo de la sangre hasta encontrar el cadáver de Arcadio. Tras inútiles esfuerzos por conservarlo, lo enterraron.

                El cadáver seguía oliendo muy fuerte a pesar de estar herméticamente cerrado el ataúd. "El cementerio siguió oliendo a pólvora hasta muchos años después, cuando los ingenieros de la compañía bananera recibieron la sepultura con una coraza de hormigón."

                Rebeca vivió el resto de su vida encerrada, "cubierta con una costra de desdén que ninguna tentación logró romper".

                Sólo en una ocasión, ya de anciana, salió a la calle, "por la época en que pasó por el pueblo el Judío Errante y provocó un calor tan intenso que los pájaros rompían las alambreras de las ventanas para dormir en los dormitorios".

                Lo último que se supo de ella es que mató de un tiro a un ladrón que intentó entrar en su domicilio.

                Comentario

                • mileyes
                  Le Zumba la Malanga
                  • abr 2012
                  • 14498

                  #68
                  PÁG. 57

                  Aureliano Buendía estaba preocupado, pues su triunfo era tan sólo aparente. Las tropas enemigas se replegaban, pero en realidad lo iban acorralando contra el mar.

                  La situación política era muy confusa. El propio padre Nicanor resaltaba la contradicción de que hubieran sido los masones quienes repararon la torre del templo derribada.

                  Aureliano, tendido en una hamaca, se lamentaba de que los liberales de partido estuvieran mendigando un asiento en el Congreso.

                  "Evocaba la imagen de los abogados vestidos de negro que abandonaban al palacio presidencial en el hielo de la madrugada con el cuello de los abrigos levantado hasta las orejas, frotándose las manos, cuchicheando, refugiándose en los cafetines lúgubres del amanecer, para especular sobre lo que quiso decir el presidente", mientras Aureliano "espantaba mosquitos a treinta y cinco grados de temperatura, sintiendo aproximarse el alba terrible en que tendría que dar a sus hombres la orden de tirarse al mar".

                  Pilar Ternera le leyó las cartas y le vaticinó: "cuídate la boca".

                  Intentaron envenenar a Aureliano en un café, pero Úrsula lo salvó con lavados estomacales.

                  Aureliano preguntó a Gerineldo Márquez que por qué estaba peleando, a lo que éste le respondió que por la causa liberal.

                  Comentario

                  • mileyes
                    Le Zumba la Malanga
                    • abr 2012
                    • 14498

                    #69
                    PÁG. 58

                    Aureliano Buendía admitió que él sólo peleaba por orgullo, mas aclaró que no sabía qué era peor, si eso o pelear por "algo que no significa nada para nadie".

                    Ese orgullo le había impedido aceptar ayuda militar del interior del país, mientras no retiraran su clasificación como bandolero.

                    Designó como jefe militar de Macondo a Gerineldo Márquez.

                    Gerineldo, algún día, había declarado su amor a Amaranta, la cual lo despreció, pues amaba a Pietro Crespi.

                    Sin embargo, tiempo después, él siguió cortejándola desde la cárcel, encargándole el bordado de pañuelos.

                    Úrsula le envió a Gerineldo unos bizcochos a la cárcel, con Amaranta, a la cual le aconsejó casarse don él. "No necesito andar cazando hombres", replicó, y añadió que sólo se los llevaba porque presagiaba que lo fusilarían.

                    En esa época el Gobierno hizo pública su amenaza de fusilar a Gerinaldo. Amaranta lloró porque creyó que le había echado la salación.

                    Ya cuando libró la ejecución frecuentó la casa de Úrsula y jugaba damas chinas con Amaranta. Ella volvió a rechazar su declaración amorosa.

                    Comentario

                    • mileyes
                      Le Zumba la Malanga
                      • abr 2012
                      • 14498

                      #70
                      Pues bien... Ya hemos leído una tercera parte de la obra.



                      ¿Cómo la ven?

                      Yo creo que los primeros capítulos iban un tanto lentones, pero al ir pasando el tiempo como que se va compenetrando uno más en la obra.

                      ¿Realmente podría rivalizar García Márquez con un Shakespeare? ¿O simplemente se trata de estilos diferentes y por tanto muy difíciles de comparar?

                      Cada quien tiene su respuesta. Pero lo importante es conocer las obras básicas, esas de las que todo el mundo habla pero que en realidad no todo el mundo ha leído.

                      Comentario

                      • mileyes
                        Le Zumba la Malanga
                        • abr 2012
                        • 14498

                        #71
                        PÁG. 59

                        "Quieres tanto a Aureliano que te vas a casar conmigo porque no puedes casarte con él", le espetó.


                        Gerineldo Márquez era tenaz y advirtió que seguiría insistiendo, como se estilaba antaño.

                        Aureliano envió una misiva a Úrsula, advirtiendo que presagiaba la muerte de su padre y que encargaba que lo cuidaran.

                        José Arcadio Buendía había desarrollado la facultad de aumentar de peso voluntariamente, así que se necesitaron varios hombres para moverlo.

                        "Un tufo de hongos tiernos, de flor de palo, de antigua y reconcentrada intemperie impregnó el aire del dormitorio cuando empezó a respirarlo el viejo colosal macerado por el sol y la lluvia."

                        Prudencio Aguilar (resucitado) era el único que iba a conversar con él, "ya casi pulverizado por la profunda decrepitud de la muerte".

                        (Creo que García Márquez fue el precursor de la actual moda de los zombis.)

                        José Arcadio Buendía mataba el tiempo con el juego de los cuartos infinitos, en que pasaba siempre a una habitación idéntica a aquella en que se hallaba.

                        (No entiendo de dónde sacó esta idea el escritor. Me recuerda al cuento del gallo para combatir la enfermedad del insomnio, en capítulos anteriores.)

                        Después llegó un hombre pequeño, vestido de paño negro. Era Cataure, hermano de visitación. Afirmaba haber llegado al sepelio del rey.

                        Aquí es donde entra el famoso pasaje de la lluvia de pequeñas flores amarillas que inundaron todo el pueblo.



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                        • mileyes
                          Le Zumba la Malanga
                          • abr 2012
                          • 14498

                          #72
                          Pág. 60

                          García Márquez comienza aquí la parte VIII de su libro.

                          Aureliano José se afeitó por primera vez. Ello hizo que Amaranta se sintiera vieja.

                          Amaranta recuerda cuando se bañaba con Aureliano José y el niño sólo sentía curiosidad por la ranura entre sus senos, mas luego, ya en la pubertad, su mirada descubrió "palmo a palmo el milagro de su intimidad, y sintió que su piel se erizaba en la contemplación, como se erizaba la piel de ella al contacto del agua".

                          También recuerda cuando dormían juntos y Aureliano José "sintió los dedos de amaranta como unos gusanitos calientes y ansiosos que buscaban su vientre". Sintió la mano "buceando como un molusco entre las algas de su ansiedad".

                          Después Amaranta se dio cuenta de que la suya era "una pasión otoñal, peligrosa y sin porvenir, y la cortó de un tajo".

                          Luego llegaron a Macondo rumores de una paz concertada. Los liberales obtendrían ciertas prebendas si deponían las armas.

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                          • mileyes
                            Le Zumba la Malanga
                            • abr 2012
                            • 14498

                            #73
                            Pág. 61

                            En esta página se narra la muerte de Visitación, quien donó sus ahorros para ayudar a Aureliano Buendía.

                            También se narran actos bélicos del mismo, como cuando cañoneó Riohacha desde una goleta, y en represalia varios liberales fueron fusilados.

                            Finalmente se presenta a un nuevo personaje, un admirador y enemigo de Aureliano: José Raquel Moncada, alcalde de Macondo desde que se terminó la guerra.

                            Comentario

                            • mileyes
                              Le Zumba la Malanga
                              • abr 2012
                              • 14498

                              #74
                              PÁG. 62

                              José Raquel y Aureliano se interesaban tanto por hacer las paces definitivas, que llegaron a pensar en crear un gobierno que combinara lo mejor de las doctrinas en pugna.

                              Ya habiendo terminado la guerra, José Raquel Moncada "creó un ambiente de confianza que hizo pensar en la guerra como en una absurda pesadilla del pasado".

                              Melchor Escalona fue un maestro que aplicaba castigos corporales a los alumnos, con la complacencia de los padres.

                              El padre Nicanor, enfermo, fue reemplazado por el padre Coronel, El Cachorro.

                              Bruno Crespi, casado con Amparo Moscote, construyó un teatro al aire libre, "con escaños de madera, un telón de terciopelo con máscaras griegas, y tres taquillas en forma de cabezas de león por cuyas bocas abiertas se vendían los boletos".

                              Aureliano, que regresó "macizo como un caballo, prieto y peludo como un indio", cortejaba a su tía Amaranta.

                              Ella primero le huía, pero cuando lo vio desnudo, "no pudo reprimir el sudor helado y el crotaleo de los dientes".

                              Ni los horrores de la guerra lo hacían olvidar su incestuosa pasión.


                              Comentario

                              • mileyes
                                Le Zumba la Malanga
                                • abr 2012
                                • 14498

                                #75
                                PÁG. 63

                                Un soldado le decía a Aureliano que el objetivo de la guerra era que los hombres pudieran casarse incluso con sus propias madres.

                                Amaranta le advertía a Aureliano que sólo con dispensa papal podrían ser pareja. Aureliano se mostraba dispuesto a andar de rodillas en Europa y besar las sandalias del Papa "sólo para que ella bajara sus puentes levadizos" (comparándola con un castillo, como hizo Amado Nervo en su poema "Eres castillo de acero con valladares de abrojos...").

                                (En esta parte de la obra es notoria la burla a la religión, por parte de García Márquez.)

                                La reticencia de Amaranta se reforzaba por las malformidades de los hijos producto del incesto, como la cola de puerco; "aunque nazcan armadillos", replicaba Aureliano.

                                "Vencido por el dolor insoportable de la virilidad reprimida", Aureliano acudió con una prostituta y comenzó a aplicarle a Amaranta "el tratamiento del desprecio".

                                Cuando no pudo resistir más "la farsa de la indiferencia", volvió al cuarto de Amaranta, pero ella lo rechazó "con una determinación inflexible, inequívoca".

                                De repente, comenzaron a llegar mujeres con bebés en brazos. Aureliano Buendía había dejado 17 hijos regados, pues a los cuartos de los guerreros solía mandarse a doncellas, "como se les soltaba gallinas a los gallos finos".

                                Comentario

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