Sin la "A" - El Foro Libre
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Sin la "A"

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  • Lore
    Junior
    • mar 2012
    • 187

    Sin la "A"

    Me lo cedió mi tío Hermenegildo, y me lo recomendó de un modo muy expresivo, diciéndome:
    -¡Es un chofer único en el globo, créeme! Si dispone de un buen coche, este hombre consigue prodigios enormes, que en un circo le hubiesen hecho rico. Obedéceme y sírvete de él; tú tienes un coche estupendo y te mueres de tedio ¿no es cierto? Pues te juro, querido sobrino, que cediéndote un chofer como Melecio te pongo en condiciones de ser testigo, e incluso intérprete, de emociones inconcebibles, sin precedentes en el mundo de lo locomotivo. Porque como este chofer no existen dos
    Melecio Volodio, el chofer propuesto, que presenció el momento descrito, sonrió entonces con gesto misterioso. Y no bien concluyó mi tío su elogio, el chofer rozó levemente el borde izquierdo de su sombrero frégoli, color crepúsculo griego, se inclinó con un gentil movimiento y murmuró:
    -Tómeme el señor, que conozco mi oficio...
    Y sin otros incidentes que mereciesen ser escritos, Melecio Volodio quedó elegido chofer de mi «dieciséis cilindros», con cien duros de sueldo.
    Doce excursiones, que tuvieron un epílogo tristemente quirúrgico, me convencieron en un solo mes de que como Melecio no existió en el Universo chofer ninguno.
    Prescindo, diciendo esto, de su dominio peregrino del motor: Volodio no sólo conservó de continuo en los extremos de sus dedos los secretos de mi «Mercedes», sino que en el tiempo que vivió conmigo domesticó el motor de un modo mirífico, y el coche corrió, frenó y retrocedió obedeciendo como un perrito lulú los gestos de su chofer.
    Pero éste mérito resultó pequeño y ridículo enfrente de otros méritos inconcebibles de Melecio Volodio.
    Uno, sobre todo, me preocupó en extremo, y se convirtió de súbito en obsesión terrible de mis nervios.
    El mérito en cuestión estribó, señores, en el frío desdén con que Melecio Volodio miró siempre el peligro.
    ¿Fue el desprecio de los bienes terrenos? ¿Fue un deseo de morir, fruto de desilusiones y de dolores ocultos? ¿Fue, simplemente, heroísmo? ¿O fue el gusto de servirme y el prúrito de divertir, con emociones fuertes, mi vivir tedioso?
    Lo ignoro; no lo se... Pero es lo cierto que siempre que el chofer nuevo puso en movimiento el motor de mi coche; ejecutó sorprendentes ejercicios llenos de riesgos y sembró el terror en los sitios por donde metió el coche; destrozó los vidrios de infinitos comercios, derribó postes telefónicos y luminosos, hizo cisco trescientos coches del servicio público, pulverizó lo esqueletos de miles de individuos, suprimiéndoles del mundo de los vivos, en oposición con sus evidentes deseos de seguir existiendo; quitó de en medio todo lo que se le puso enfrente; hendió, rompió, deshizo, destruyó; encogió mi espíritu, superexcitó mis nervios; pero me divirtió de un modo indecible, porque Melecio Volodio no fue un chofer, no; fue un «simún» rugiente.
    ¿Por qué este furor, este estropicio continuo? ¿Por qué, si Volodio dominó el coche como no lo dominó ningún chofer de los que tuve después?
    Hice lo posible por conocer el fondo del misterio, y lo logré por fin.
    -¡Melecio!- le dije, volviendo de un terrible circuito que produjo horrendos efectos destructores-. Es preciso que expliques lo que ocurre. Muchos infelices, muertos por nuestro coche, piden un desquite... ¡Que yo mire en lo profundo de tus ojos, Melecio Volodio!... Di... ¿Por qué persistes en ese feroz proceder, en ese cruel ejercicio?
    Melecio inspeccionó el horizonte, medio sumido en el crepúsculo, y moderó el correr del coche.
    Luego hizo un gesto triste.
    -No soy cruel ni feroz, señor-susurró dulcemente-. Destrozo, destruyo, y rompo, y siembro el terror... de un modo instintivo.
    -¡De un modo instintivo! ¡Eres entonces un enfermo, Melecio!
    -No, Pero me ocurre, señor, que he sido muchísimo tiempo chofer de Bomberos. Un chofer de Bomberos es siempre el dueño del sitio por donde se mete. Todo el mundo le permite correr, no se le detiene; el sonido estridente e inconfundible del coche de los bomberos, de esos héroes con cinturón, es suficiente, y el chofer de bomberos corre, corre... ¡Qué vértigo divino!
    Concluyó diciendo:
    -Y mi defecto es que me creo que siempre voy conduciendo el coche de bomberos. Y como esto no es cierto como hoy n o soy, señor, el dueño del sitio por donde me meto pues ¡pulverizo todo lo que pesco!
    Y Melecio prorrumpió en sollozos.



    NARRACIÓN ESCRITA SIN EMPLEAR LA LETRA "A", por Enrique Jardiel Poncela
  • Jacobo Casal
    Expulsado de elforolibre
    • mar 2012
    • 10999

    #2
    Doña Lore:

    Estupendo texto de un maravilloso autor al que lamentablemente nunca se le ha dado el reconocimiento que merece, ni en vida ni después de su muerte. Conocí su obra desde muy joven porque mi madre es fan de sus novelas y obras de teatro, así que fue de los primeros autores que tuve la suerte de leer: La tournée de Dios; Amor se escribe sin hache; Espérame en Siberia, vida mía; Pero... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?; Eloísa está debajo de un almendro; Máximas mínimas; Exceso de equipaje, entre las que me vienen a la memoria de momento.

    Su humorismo, su ironía, la forma en que logra crear situaciones absurdas y hasta grotescas, pero siempre con una profunda crítica social y un agudo conocimiento de la naturaleza humana.

    Gracias -doña Lore- por compartirnos este texto.



    Algunas frases célebres de don Enrique Jardiel Poncela:


    "Todos los que no tienen nada que decir hablan a gritos."

    "Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre."

    "La mujer adora al hombre igual que el creyente adora a Dios; pidiéndole todos los días algo."

    "Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa."

    "El que no se atreve a ser inteligente, se hace político."

    "Realmente, sólo los padres dominan el arte de educar mal a los hijos."

    "El amor es un punto de acuerdo entre un hombre y una mujer que están en desacuerdo en todo lo demás."

    "Los sentimientos deben analizarse y nunca obedecerse."


    "El hombre que se ríe de todo es que todo lo desprecia. La mujer que se ríe de todo es que sabe que tiene una dentadura bonita."

    "Cuando tiene que decidir el corazón es mejor que decida la cabeza."

    "En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen; la gran mayoría de los sueños se roncan."

    "El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo."

    "La amistad, como el diluvio universal, es un fenómeno del que todo el mundo habla, pero que nadie ha visto con sus ojos."

    "El amor es como las cajas de cerillas, que desde el primer momento sabemos que se nos tiene que acabar, y se nos acaba cuando menos lo esperamos."

    "La sinceridad es el pasaporte de la mala educación."


    Y esta, que figura como Epitafio en su tumba:

    "Para encontrar gusto a la vida, no hay como morirse."

    Comentario

    • Raven
      Drama Queen
      • mar 2012
      • 2315

      #3
      Ese de "La sinceridad es el pasaporte de la mala educación," está buenísimo. Me recuerda a las personas que escudan su impertinencia con supuesta sinceridad.
      Nena lacónica. La papa en la boca y musho, musho sol. Achingá, esa era neurótica.

      Comentario

      • Lore
        Junior
        • mar 2012
        • 187

        #4
        Hola Jacobo.


        Sabes, me impresiono el ingenio de Jardiel Poncela cuando leí estos dos cuentos faltando la "A "(que les presenté ) y la "E "(que viene en el post siguiente). Pero no he leído mas de sus obras y escribo esto con pesar, porque al parecer me he perdido del su humor e ironía.

        Su humorismo, su ironía, la forma en que logra crear situaciones absurdas y hasta grotescas, pero siempre con una profunda crítica social y un agudo conocimiento de la naturaleza humana.
        Su obra tiene algún parecido con la de Oscar Wilde ?


        Salud2

        Comentario

        • Lore
          Junior
          • mar 2012
          • 187

          #5
          sin la E



          Un otoño -muchos años atrás- cuando más olían las rosas y mayor sombra daban las acacias, un microbio muy conocido atacó, rudo y voraz, a Ramón Camomila: la furia matrimonial.
          -¡Hay un matrimonio próximo, pollos! -advirtió como saludo a su amigo Manolo Romagoso cuando subían juntos al Casino y toparon con los camaradas más íntimos.
          -¿Un matrimonio?
          -Un matrimonio, sí -corroboró Ramón.
          -¿Tuyo?
          -Mío.
          -¿Con una muchacha?
          -¡Claro! ¿Iba a anunciar mi boda con un cazador furtivo?
          - ¿Y cuándo ocurrirá la cosa?
          -Lo ignoro.
          -¿Cómo?
          -No conozco aún a la novia. Ahora voy a buscarla...
          Y Ramón Camomila salió como una bala a buscar novia por la ciudad.
          A las dos horas conoció a Silvia, una chica algo rubia, algo baja, algo gorda, algo sosa, algo rica y algo id&ota; hija única y suscriptora contumaz a "La moda y la Casa" (publicación para muchachas sin novio).
          Y al año, todos los amigos fuimos a la boda. ¡La boda! ¡Bah!... Una boda como todas las bodas: galas blancas, azahar por todos lados, alfombras, música sacra, bimbas, sonrisas, codazos, almohadón para hincar las rodillas los novios y para hincar las rodillas los padrinos; lunch, sandwichs duros como un fiscal...

          Al onzavo sandwich hubo una fuga súbita por la sacristía y un auto pasó raudo, y unos gritos brotaron:
          -¡Adiós! ¡Adiós! ¡Vivan los novios! ¡Vivaaan!
          Y los amigos cogimos otro sandwich -dozavo- y otra copita. Y allí acabó la cosa. Mas, para Ramón Camomila, la cosa no había acabado allí... Al contrario: allí daba principio. Y al subir con su novia al auto fugitivo, vio claro, vio clarísimo: ni amaba a Silvia, ni notaba inclinación ninguna al matrimonio, ni sintió su alma con la vocación más mínima por construir un hogar dichoso.
          -¡Soy un id&ota! -murmuró Ramón-. No valgo para marido, y lo noto cuando ya soy ciudadano casado... Y corroboró rabioso:
          -¡Soy un id&ota! Silvia, arrinconada junto a Ramón, bajaba los ojos con rubor, y al bajar los ojos subía dos mil grados la rabia masculina. -¡Dios mío! -gruñía Ramón mirándola-. ¡Casado! ¡Casado con una niña insulsa como unas natillas!... No hay ya salvación para mí..., ¡no la hay!
          Incapaz para dominar su irritación, dirigió unas palabras durísimas a Silvia.
          -¡Prohibido fingir rubor y mirar a la alfombra! -gritó. (Silvia miró al parabrisas con infantil docilidad). Y Ramón añadió para su sayo, alumbrado por una brusca solución: -Voy a lograr su odio. Voy a obligarla a suplicar un divorcio rápido. Poco valgo si
          no logro inspirarla asco con cuatro o cinco burradas a cual más disparatada... Y tal solución tranquilizó mucho a su alma. Por lo pronto, al subir a la fotografía (visita clásica tras una boda), Ramón hizo la burrada inicial. Un fotógrafo modoso y finísimo abordó a Ramón y a Silvia.
          -Grupo nupcial, ¿no? -indagó.
          -Sí -dijo Ramón. Y añadió:
          -Con una variación.
          -¿Cuál?
          -La sustitución más original vista hasta ahora... Novio por fotógrafo. Hoy hago yo la foto... ¡Viva la originalidad!
          Y Ramón aproximó la máquina y advirtió al asombrado fotógrafo:
          -¡Vamos! Coja por la mano a la novia y sonría con ilusión: La cara más alta... ¡Cuidado! ¡Así!... ¡Ya!
          Ramón tiró la placa, y a continuación obligó al pago al fotógrafo; guardó los duros y salió con Silvia orondo y dichoso.
          -¡Al auto! -mandó. (Silvia ahora iba llorando)
          -¡La cosa marcha! -susurró Ramón. Al otro día trasladaban sus organismos a Irún. (Lo clásico, asimismo, tras una boda.) Ramón no quiso subir al vagón con Silvia.
          -Yo viajo con los maquinistas -anunció-. Voy a la locomotora... ¡Hasta la vista!
          Y subió a la locomotora, y ocupó su actividad ayudando a partir carbón. Al arribar a Irún había adquirido un magnífico color antracita. Ya allí, compró sus harapos a un sordomudo andrajoso, vistió los harapos y marchó a la fonda a buscar a Silvia. Y tocado con las ropas andrajosas anduvo por Irún, acompañando a Silvia y cogido a su brazo mórbido y distinguido. Nutrido público los miraba al pasar, asombrado. Silvia sufría cada día más.
          -¡La cosa marcha! ¡La cosa marcha! -murmuraba todavía Ramón. Pronto rogará Silvia un divorcio total. Sigamos las burradas. Sigamos con la droga antimatrimonial, multiplicando la dosis.
          Ramón vistió a continuación sus fracs más maravillosos, y al pisar un salón, un dancing u otro lugar público acompañado por Silvia, imitaba a los criados, y con un paño al brazo acudía solícito a todas las llamadas.
          Una mañana pintó sus párpados con barniz rojo. Por fin lo trasladaron al manicomio. Y Ramón asistió a su propia dicha: su contrato matrimonial yacía roto y vivía imposibilitado para otra boda con otra Silvia...


          ENRIQUE JARDIEL PONCELA




          Nota : Jardiel escribió otras narraciones sin emplear el resto de las vocales, no dispongo de ellas, si alguno las pusiera a mi alcance se lo agradecería infinitamente.

          Comentario

          • Jacobo Casal
            Expulsado de elforolibre
            • mar 2012
            • 10999

            #6
            Originalmente publicado por Lore Ver Mensaje
            Hola Jacobo.


            Sabes, me impresiono el ingenio de Jardiel Poncela cuando leí estos dos cuentos faltando la "A "(que les presenté ) y la "E "(que viene en el post siguiente). Pero no he leído mas de sus obras y escribo esto con pesar, porque al parecer me he perdido del su humor e ironía.



            Su obra tiene algún parecido con la de Oscar Wilde ?


            Salud2
            Doña Lore:

            Sí, de verdad que se ha perdido de un autor realmente divertido e interesante que vale mucho la pena. Ignoro si sus obras se estén reeditando, todas las que tengo son bastante viejitas ya y ocupan un lugar de honor en mi biblioteca personal.

            No lo compararía con Wilde, que también es estupendo y con un humor y una ironía deliciosos, pero mientras que Óscar era un Dandy y criticaba la decadencia de la sociedad victoriana en la que vivió, Jardiel Poncela es ya un escritor del siglo XX que utiliza mucho más el absurdo para expresar sus ideas.

            Tal vez ningún crítico literario coincida conmigo, pero yo lo relaciono con Giovanni Guareschi -el de Don Camilo y su parroquia- y más todavía con otro escritor más cercano a nosotros y al que tampoco se le ha dado el reconocimiento que merece: Don Marco Antonio Almazán. Tal vez por ser latinos o quizás porque los conocí más o menos en la misma época, a los tres los tengo en el mismo estante y en el mismo nivel de admiración.

            Ojalá pueda conseguir algunas de las obras de Jardiel, le aseguro que lo va a disfrutar de principio a fin.

            Saludos.

            Comentario

            • Kunrath
              Junior
              • may 2013
              • 50

              #7
              Interesantes y bien logradas narraciones. Sin lugar a dudas, es muy meritorio lograr tantas frases y diálogos sin el empleo de dos de las vocales que más se emplean en el español. Existe una novela titulada "Gadsby" del escritor norteamericano Ernest Vincent Wright escrita sin la letra "E", con más de 50,000 mil palabras.

              Comentario

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