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Octavio Paz, el Premio Nóbel mexicano

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  • mileyes
    Le Zumba la Malanga
    • abr 2012
    • 14555

    Octavio Paz, el Premio Nóbel mexicano

    En una sección sobre literatura, en un foro mexicano, no debe faltar Octavio Paz.


    http://es.wikipedia.org/wiki/Octavio_Paz

    Biografía
    Octavio Paz nació el 31 de marzo de 1914, durante la Revolución mexicana. Fue criado en Mixcoac, una población cercana que ahora forma parte de la ciudad de México. Lo cuidaron su madre Josefina Lozano, su tía Amalia Paz Solórzano y su abuelo paterno, Ireneo Paz (1836-1924), un soldado retirado de las fuerzas de Porfirio Díaz, intelectual liberal y novelista. Su padre, Octavio Paz Solórzano (1883-1935), el menor de siete hermanos, trabajó como escribano y abogado para Emiliano Zapata; estuvo involucrado en la reforma agraria que siguió a la Revolución, fue diputado y colaboró activamente en el movimiento vasconcelista.2 3 4 Todas estas actividades provocaron que el padre se ausentara de casa durante largos periodos.

    Su educación se inició en los Estados Unidos, en donde Paz Solórzano llegó en octubre de 1916 como representante de Zapata.5 Regresaron a México casi cuatro años más tarde, en 1920, con su padre, quien se retiró de la política en 1928, y murió el 10 de marzo de 1935, en la colonia Santa Marta Acatitla, al ser arrollado por un tren,6 en un accidente ocasionado por su embriaguez.[cita requerida] Después de la muerte de su padre, se trasladó a España para combatir en el bando republicano en la guerra civil, y participó en la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Al regresar a México fue uno de los fundadores de Taller (1938) y El Hijo Pródigo.[cita requerida]

    Octavio Paz realizó sus estudios en las facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En 1937 viajó a Yucatán como miembro de las misiones educativas del general Lázaro Cárdenas en una escuela para hijos de obreros y campesinos de Mérida. Ahí comenzó a escribir Entre la piedra y la flor (1941, revisado en 1976), poema sobre la dramática explotación del campo y el campesino yucateco. Estuvo casado con la dramaturga, escritora y poeta Elena Garro a quién conoció en la UNAM (1938-1959), con quien tuvo una hija, Laura Helena, divorciándose en 1950. En 1959 se unió a Bona Tibertelli de Pisis, con quien convivió hasta 1965, mientras era embajador de México en la India. Al año siguiente contrajo matrimonio con la francesa Marie José Tramini, su compañera hasta el final.

    En 1937, Paz fue invitado a España durante la guerra civil como miembro de la delegación mexicana al Congreso Antifascista, donde mostró su solidaridad con los republicanos, y donde conoció y trató a los poetas de la revista Hora de España, cuya ideología política y literaria influyó en su obra juvenil. Sin embargo, como confesó años después en la serie televisiva Conversaciones con Octavio Paz, ese sentimiento de solidaridad con la causa republicana se vio afectado por la represión contra los militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista de Cataluña, entre quienes tenía camaradas. Este prolongado proceso de desilusión lo llevaría a denunciar los campos de concentración soviéticos y los crímenes de Stalin en marzo de 1951.

    A su regreso de España, participó en 1938 como cofundador en la revista literaria Taller, en la que escribió hasta 1941.

    En 1943 recibió la Beca Guggenheim e inició sus estudios en la Universidad de California, Berkeley en los Estados Unidos. Dos años después comenzó a servir como diplomático mexicano, y fue destinado a Francia donde permaneció hasta 1951 y donde conoció a los surrealistas, que le influyeron, y colaboró en la revista Esprit.7 Durante esa estancia, en 1950, publicó El laberinto de la soledad, un innovador ensayo antropológico sobre los pensamientos y la identidad mexicanos.

    De enero a marzo de 1952 trabaja en la embajada mexicana en la India y después, hasta enero de 1953, en Japón. Regresa a la Ciudad de México a dirigir la oficina de Organismos Internacionales de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

    En 1954, Paz tuvo «una participación muy estrecha en la fundación de la Revista Mexicana de Literatura", influenciada "políticamente con la idea de la llamada 'tercera vía', que significaba ni con la izquierda, ni con la derecha. Esta idea venía de París, con León Blum».7 El primer número fue el de septiembre-octubre de 1955, y contó con el apoyo de Paz hasta que 4 años más tarde éste regresó a Europa.8

    En 1955 contribuyó en la Revista Mexicana de Literatura y en El Corno Emplumado.9 En 1956, participó en Poesía en voz alta.10

    En 1959 regresó a París y tres años más tarde fue designado embajador en la India. En 1964 conocería a la francesa Marie-José Tramini, que se convertiría en su última esposa.

    En 1968, estaba en Nueva Delhi cuando tuvo lugar la masacre de Tlatelolco como parte del Movimiento de 1968 en México el 2 de octubre. En señal de protesta contra estos lamentables sucesos, que empañaron la celebración de los Juegos Olímpicos, renunció a su cargo de embajador, dejando patentes sus diferencias con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Fue el único que se atrevió a hacerlo. Trabajará los próximos años enseñando en diversas universidades estadounidenses, como las de Texas, Austin, Pittsburgh, Pensilvania, Harvard.11

    Tres años más tarde, en octubre de 1971, ya bajo la presidencia de Luis Echeverría, "un poco con esa idea de redescubrir los valores liberales y democráticos en la sociedad mexicana",7 fundaría la revista Plural, "elegante fusión de literatura y política",12 y que dirigiría hasta su desaparición en 1976 el mismo Paz. A diferencia de otros escritores e intelectuales mexicanos, Paz no tardó en retirarle su apoyo al presidente Echeverría, una vez que éste demostró su escasa voluntad de aclarar las matanzas de Tlatelolco, en 1968, y en San Cosme, el llamado Jueves de Corpus, en 1971, en donde hubo una represión brutal contra una protesta estudiantil.

    Tanto en esa revista como en Vuelta —fundada ese mismo año de 1976 y donde "la influencia del liberalismo sería fundamental", reflejando la "reconciliación" del escritor con esta corriente de pensamiento—7 Paz denunció las violaciones a los derechos humanos de los regímenes comunistas. Esto le trajo mucha animosidad de parte de la izquierda latinoamericana y algunos estudiantes universitarios. En el prólogo del tomo IX de sus obras completas, publicado en 1993, Paz declaró:

    “En México, antes había sido visto con sospecha y recelo; desde entonces, la desconfianza empezó a transformarse en enemistad más y más abierta e intensa. Pero en aquellos días [década de los 1950] yo no me imaginaba que los vituperios iban a acompañarme años y años, hasta ahora” (página 44).

    La actitud de Paz con los regímenes de índole capitalista cuyas políticas públicas nacían de un marco neoliberal, no fue menos polémica. Ampliamente criticadas, bien se conoce sus relaciones -al final de su vida- con los últimos presidentes mexicanos en turno: mientras que la polarización de su pensamiento dictó al Paz revolucionario de los 60s la renuncia a su puesto en la Embajada en la India, esa misma polarización nacida de una postura anticomunista -que, con los años, Paz cosecharía- le llevó a elogiar el salinato, así como a Zedillo en su sexenio. Comenta Luis Javier Garrido: "(...) él -Paz- se dedicó a justificar todas las exacciones y crímenes de Salinas de Gortari y a defender las acciones ilegales del poder, como más tarde lo haría también con Ernesto Zedillo, dando al grupo de artistas e intelectuales que encabezaba un rol del todo diferente".13

    El 19 de abril de 1998 Octavio Paz murió en la Casa de Alvarado, Calle de Francisco Sosa 383, barrio de Santa Catarina, Coyoacán, Ciudad de México. El escritor había sido trasladado ahí por la presidencia de la República en enero de 1997, ya enfermo, luego de que un incendio destruyó su departamento y parte de su biblioteca.14 Durante un tiempo, la Casa Alvarado fue sede de la Fundación Octavio Paz y ahora lo es de la Fonoteca Nacional.15

    Estilo literario
    Experimentación e inconformismo pueden ser dos de las palabras que mejor definen su labor poética. Con todo, Paz es un poeta difícil de encasillar. Ninguna de las etiquetas adjudicadas por los críticos encaja con su poesía: poeta neomodernista en sus comienzos; más tarde, poeta existencial; y, en ocasiones, poeta con tintes de surrealismo. Ninguna etiqueta le cuadra y ninguna le sobra, aunque el mismo Paz reconoció que en su formación "fundamentales fueron los surrealistas, con quienes hice amistad en el año 46 o 47, que en esa época estaban más cerca de los libertarios".

    En realidad, se trata de un poeta que no echó raíces en ningún movimiento porque siempre estuvo alerta ante los cambios que se iban produciendo en el campo de la poesía y siempre estuvo experimentando, de modo que su poesía, como toda poesía profunda, acabó por convertirse en una manifestación muy personal y original. Además, se trata de un poeta de gran lirismo cuyos versos contienen imágenes de gran belleza. Después de la preocupación social, presente en sus primeros libros, comenzó a tratar temas de raíz existencial, como la soledad y la incomunicación. Una de las obsesiones más frecuentes en sus poemas es el deseo de huir del tiempo, lo que lo llevó a la creación de una poesía espacial cuyos poemas fueron bautizados por el propio autor con el nombre de topoemas (de topos + poema). Esto es lo que significa poesía espacial: poesía opuesta a la típica poesía temporal y discursiva. Se trata de una poesía intelectual y minoritaria, casi metafísica, en la que además de signos lingüísticos se incluyen signos visuales. En los topoemas, igual que ocurría en la poesía de los movimientos de vanguardia, se le da importancia al poder sugerente y expresivo de las imágenes plásticas. No cabe duda de que en la última poesía de Paz hay bastante esoterismo, pero, al margen de ello, toda su poesía anterior destaca por su lirismo y por el sentido de transubstanciación que el autor da a las palabras.
  • mileyes
    Le Zumba la Malanga
    • abr 2012
    • 14555

    #2
    Obras]

    Poesía



    1933 - Luna silvestre
    1936 - ¡No pasarán!
    1937 - Raíz del hombre
    1937 - Bajo tu clara sombre y otros poemas sobre España
    1941 - Entre la piedra y la flor
    1942 - A la orilla del mundo y Primer día, Bajo tu clara sombra, Raíz del hombre, Noche de resurrecciones
    1949 - Libertad bajo palabra
    1954 - Semillas para un himno
    1956 - La hija de Rappaccini
    1957 - Piedra de Sol
    1958 - La estación violenta
    1960 - Libertad bajo palabra, libro dividido en 5 secciones (Bajo tu clara sombra, Calamidades y milagros, Semillas para un himno, ¿Águila o sol? y La estación violenta) que incluye, entre otros, el poema Piedra de sol. De esta obra Paz hizo otras tres ediciones, con sucesivas correcciones, omisiones y reposiciones
    1962 - Salamandra
    1965 - Viento entero
    1967 - Blanco, escrito en tres columnas y permite diferentes lecturas
    1968 - Discos visuales
    1969 - Ladera este (1962-1968)
    1970 - El mono gramático
    1971 - Topoemas
    1971 - Vuelta
    1972 - Renga, con Jacques Roubaud, Edoardo Sanguineti y Charles Thomlinson
    1975 - Pasado en claro
    1987 - Árbol adentro
    1990 - Figuras y figuraciones, con Marie José Paz


    Ensayo


    1950 - El laberinto de la soledad
    1956 - El arco y la lira
    1957 - Las peras del olmo
    1965 - Cuadrivio
    1966 - Puertas al campo
    1967 - Corriente alterna
    1967 - Claude Levi-Strauss o el nuevo festín de Esopo
    1968 - Marcel Duchamp o el castillo de la Pureza, con su reedición ampliada Apariencia desnuda (1973)
    1969 - Conjunciones y disyunciones
    1970 - Posdata, continuación de El laberinto de la soledad.
    1973 - El signo y el garabato27
    1974 - Los hijos del limo
    1978 - Xavier Villaurrutia en persona y obra
    1979 - El ogro filantrópico
    1979 - In-mediaciones
    1982 - Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe
    1983 - Tiempo nublado
    1983 - Sombras de obras
    1984 - Hombres en su siglo y otros ensayos
    1985 - Pasión crítica, conversaciones con diversos interlocutores
    1988 - Primeras letras: 1931-1943, colección de sus prosas de juventud
    1990 - Pequeña crónica de grandes días
    1990 - La otra voz. Poesía y fin de siglo
    1991 - Convergencias
    1992 - Al paso
    1993 - La llama doble
    1993 - Itinerario
    1995 - Vislumbres de la India
    Traducciones[
    Versiones y diversiones (1974; traducciones poéticas).

    Comentario

    • mileyes
      Le Zumba la Malanga
      • abr 2012
      • 14555

      #3
      http://www.tierraadentro.conaculta.g...una-silvestre/

      Paz estaba a seis meses de cumplir dieciocho años de edad cuando se publicó Luna Silvestre, su primer libro —el único que firmó con sus apellidos paterno y materno: Paz Lozano— fue impreso en septiembre de 1933, según reza el colofón, que especifica: “Miguel N. Lira y el maestro don Fidel Guerrero imprimieron esta Fábula”.

      Con un tamaño de 12 x 14 centímetros, Luna silvestre tiene 36 páginas entre las que se distribuyen las siete partes del poema:



      1. “Como te recobre poesía…”
      2. “En los azules ámbitos tu azul…”
      3. “Con qué nombre llamarte…”
      4. “Amor, jamás mi boca había tu nombre deseado…”
      5. “De entre el silencio, tus palabras…”
      6. “Qué móvil y que inmóvil, amada…”
      7. “Amor, en soledad de estrellas,…”


      “Los temas principales —escribe el poeta y crítico literario argentino Alfredo Roggiano—, la poesía, el amor, la mujer, se entretejen en unos románticos versos juveniles, donde hallamos ligeras resonancias de Juan Ramón Jiménez, Heinrich Heine y Rainer María Rilke. Aunque Octavio Paz asegura que en aquel entonces todavía no había leído los versos de Juan Ramón, el primer poema de Luna silvestre toca y supera el mismo tema que escuchamos en la voz argentina del bardo andaluz que había llegado al cenit de su influencia en esos años.

      http://pueblaonline.com.mx/portal/in...ores-mexicanos


      Ricardo Cayuela aseguró que Luna silvestre es un libro muy raro y difícil de encontrar, pues no sólo el poeta lo publicó cuando tenía 19 años, sino que únicamente se tiraron 75 ejemplares, de los cuales uno quedó en el fondo José Luis Martínez de la Biblioteca México. Y justamente contiene el que fue su primer poema:

      “Como te recobré, Poesía / en el límite preciso entre una estrella y otra; / equidistante y perfecta, / cabellera de luz, cuerpo de plata. // Cómo volviste a ser, Poesía, / en la frontera exacta de la luz y la sombra; / cómo volviste a mí, Poesía, /tan casta en tu desnudez, vestida de pudores”.

      Comentario

      • mileyes
        Le Zumba la Malanga
        • abr 2012
        • 14555

        #4
        http://www.hispanic.pitt.edu/iili/ripaz74.pdf

        Luna
        silvestre. Este librito de treinta y cinco páginas (12 x 14 cm), impreso en
        México, edición fábula, septiembre de 1933, por Miguel M. Lira y el maestro
        Fidel Guerrero, se limitó a una tirada de 75 ejemplares. Siete breves poemas
        componen este torno: 1 “Como te recobre poesía…”, 2 “En los azules ámbitos
        tu azul...”, 3 “Con qué nombre llamarte...”, 4 “Amor, jamás mi boca había tu
        nombre deseado...”, 5 “De entre el silencia, tus palabras...”, 6 “Qué móvil y que
        inmóvil, amada...” y 7 “Amor, en soledad de estrellas,...”. Los temas principales,
        la poesía, el amor, la mujer, se entretejen en unos románticos versos juveniles,
        donde hallamos ligeras resonancias de Juan Ramón Jiménez, Heinrich Heine y
        Rainer María Rilke. Aunque Octavio Paz asegura que en aquel entonces todavía
        no había leído los versos de Juan Ramón, el primer poema de Luna silvestre toca
        y supera el mismo tema que escuchamos en la voz argentina del bardo andaluz
        que había llegado al cenit de su influencia en estos años:

        Cómo te recobré, Poesía, Vino, primero, pura,
        en el límite preciso entre una estrella
        [y otra: vestida de inocencia;
        equidistante y perfecta, y la amé como un niño...
        cabellera de luz, cuerpo de plata.
        Cómo volviste a mí, Poesía, Y se quitó la túnica,
        en la frontera exacta de la luz y de la
        [sombra; y apareció desnuda toda,...
        cómo volviste a mí, Poesía, ¡Oh pasión de rni vida, poesía
        tan casta en tu desnudez, vestida de
        [pudores... desnuda, mía para siempre!
        Octavio Paz. J. R. Jiménez.

        El segundo “En los azules ámbitos tu azul...” tiene un verso del Lyrisches
        Intermezzo del desengañado judío alemán a la cabeza de la página: “De día era
        una pálida y lánguida luna; de noche era un ardiente sol”. Y el sistema de
        formular preguntas del tercer poema, que por cierto también se halla en
        Cernuda, Prados y Jiménez, tanto como su refinado ambiente sonoro, evocan
        la “Oda a Francisco Salinas”, de Fray Luis de León, o tal vez el “Liebes-lied”,
        de Rilke:

        ¿Con qué nombre llamarte, Wie soll ich meine Seele
        puesto que creces, silvestre luna, halten, dass
        de las estrellas, y en sólo tu memoria sie nicht an deine rührt? Wie
        vibra la música? soll ich sie
        ¿Con qué nombre llamarte, hinheben über dicte zu anderen
        si estás fuera del mundo, Dingen?
        libre y sin destino, Ach gerne möcht ich sie bei
        en ese cruel reino, en donde se detiene, irgendwas
        amarga la tormenta?..
        ¿Con qué nombre, Verlorenem im Dunkel unterbringen
        nacida de mi voz arrebatada, an einer fremden stillen Stelle,
        nombre de una sonrisa angélica, die,
        o de la misma, celeste música desco- nicht weiterschwingt, wenn
        [nocida?... deine Tiefen schwingen…
        Octavio Paz. R.M. Rilke.

        Por lo demás, en Luna silvestre predominan versos de arte mayor, eneasílabos
        y endecasílabos, tanto como frecuentes combinaciones de siete y once sílabas.
        Editado por última vez por mileyes; http://www.elforolibre.com/member/89-mileyes en 07/12/14, 15:40:50.

        Comentario

        • mileyes
          Le Zumba la Malanga
          • abr 2012
          • 14555

          #5
          http://www.revistadelauniversidad.un...i/51volpi.html

          A lo largo de toda su vida, la relación de Octavio Paz con España fue intensa y fecunda. Su madre —a la que afectuosamente llamaba Pepita— era española, por lo cual su contacto con la península ibérica se inició prácticamente desde su nacimiento. Sin embargo, no es sino hasta 1936 cuando el poeta de veintidós años —nació el 31 de marzo de 1914— demuestra públicamente su interés y su afecto hacia esta nación. A sólo dos meses de iniciada la insurrección franquista, Paz escribe un poema, titulado justamente “¡No pasarán!”, como una muestra de su apoyo a la República.

          Publicado como plaquette, el poema le granjea la admiración de sus camaradas y el beneplácito del régimen cardenista. Por si fuera poco, Paz decide que las ganancias obtenidas por la edición sean donadas al Frente Popular Español “en prenda de simpatía y adhesión para el pueblo de España en la lucha desigual y heroica que sostiene”. Este gesto convierte a Paz en la figura visible de la nueva generación de poetas mexicanos comprometida, como él, con la causa republicana.

          TFRAGMENTOS DEL FAMOSO POEMA "NO PASARÁN":

          http://joelgustavorockcoalt.blogspot...tavio-paz.html

          Como pájaros ciegos, prisioneros,
          como temblantes alas detenidas
          o cánticos sujetos,
          suben amargamente
          hasta la luz aguda de los ojos
          y el desgarrado gesto de la boca,
          los latidos febriles de la sangre,
          petrificada ya, e irrevocable:
          No pasarán.

          Como la seca espera de un revólver
          o el silencio que precede a los partos
          escuchamos el grito;
          habita en las entrañas,
          se detiene en el pulso,
          asciende de las venas a los labios:
          No pasarán.

          Comentario

          • mileyes
            Le Zumba la Malanga
            • abr 2012
            • 14555

            #6
            RAÍZ DEL HOMBRE - I

            Más acá de la música y la danza,
            aquí, en la inmovilidad,
            sitio de la música tensa,
            bajo el gran árbol de mi sangre,
            tú reposas. Yo estoy desnudo
            y en mis venas golpea la fuerza,
            hija de la inmovilidad.

            Éste es el cielo más inmóvil,
            y ésta la más pura desnudez.
            Tú, muerta, bajo el gran árbol de mi sangre.

            Raíz del Hombre - II


            Ardan todas las voces
            y quémense los labios;
            y en la más alta flor
            quede la noche detenida.

            Nadie sabe tu nombre ya;
            en tu secreta fuerza influyen
            la madurez dorada de la estrella
            y la noche suspensa,
            inmóvil océano.

            Amante, todo calla
            bajo la voz ardiente de tu nombre.
            Amante, todo calla. Tú, sin nombre,
            en la noche desnuda de palabras.

            RAÍZ DEL HOMBRE - IV

            No hay vida o muerte,
            tan sólo tu presencia,
            inundando los tiempos,
            destruyendo mi ser y su memoria.

            En el amor no hay formas
            sino tu inmóvil nombre, como estrella.
            En sus orillas cantan
            el espanto y la sed de lo invisible.

            Comentario

            • mileyes
              Le Zumba la Malanga
              • abr 2012
              • 14555

              #7
              http://internatural.blogspot.mx/2014...el-hombre.html

              Anthony Stanton sobre "Raíz del hombre" (1937) de Octavio Paz





              Raíz del hombre canta la historia de una pasión en sus distintos momentos (encuentro, enamoramiento, clímax, separación, rememoración, soledad, comprensión de lo vivido). No hay una secuencia lógica estricta que siga un hilo narrativo (todo está más bien condensado en el presente eterno del canto), pero la experiencia erótica implica necesariamente una conciencia de la temporalidad amenazante y una interiorización de la presencia de la muerte. El primer canto recrea el encuentro de los amantes en "el mes de Junio", tiempo-espacio privilegiado del esplendor luminoso y cíclico del solsticio de verano que envuelve todo en luz y transparencia (1). La segunda sección introduce el ambiente nocturno y el tema recurrente de la pasión destructiva que calcina también al lenguaje: "Que ardan todas las voces. / Que se quemen todos los labios . . .". En el mismo nocturno reinan de nuevo el silencio y la indiferenciación: "Amante, todo calla / bajo la voz ardiente de tu nombre. / Amante, todo calla. Tú, sin nombre, / en la noche desnuda de palabras". El tercer canto expresa la reconquista del origen, aquel punto donde los contrarios se tocan, simbolizado por la ceremonia eucarística de la sangre: "Esta es tu sangre, digo, / y el alma se suspende en el vacío / ante la viva nada de tu sangre". Los cantos siguientes describen, en forma interrogativa y admirativa, el pasmo alucinado de los amantes unidos. En el mundo elemental de lo informe y lo increado, la pareja entra en contacto con el comienzo: "rozamos nuestro origen y raíces". Unidos, los dos renacen a una nueva vida. En todo momento hay una relación de analogía y correspondencia entre la pareja primordial y el universo, unidos por "obscuras relaciones". El canto 9 marca el punto supremo de la fusión, en el cual Eros y Tánatos se confunden: "En el amor amamos en la muerte", verso cuya insistente aliteración casi sugiere el verbo "amamantar".

              A partir del canto 10 se plasma la separación de los amantes, divididos ahora por odios, rencores y amargura. Quedan el recuerdo de lo vivido, la desolación, la nostalgia y, en un momento de desesperación, el deseo violento de destruir toda huella de la experiencia: "Si por lo menos fueras arrasada, destruida. / Que no quedara de ti sino tu incendio". Enlutado, el yo decide vivir su pérdida y en una actitud más reposada quiere que el poema sea una especie de monumento al recuerdo: "Voces que ciñan tu memoria sean mis voces". Condenado a vivir en la esterilidad de su soledad, el yo trata de de comprender la experiencia y, desde cierta distancia, llega a aceptar la realidad del amor no sólo como parte del pasado sino también como elemento constitutivo del presente.

              El canto 15 marca la culminación del poemario y es probablemente el más logrado. Hay ahora una actitud más reflexiva que trata de comprimir en imágenes duraderas todo el resultado de la experiencia. El triunfo final es el reconocimiento de la ambivalencia del amor:

              Bajo el desnudo y claro Amor que danza
              hay otro negro amor, callado y tenso,
              amor de oculta herida.
              No llegan las palabras,
              a su inefable abismo,
              eterno Amor inmóvil y terrible.

              La lección de la experiencia erótica es la necesaria aceptación de la naturaleza dual del amor. Gracias al clímax tan logrado en su intensidad, el lector no duda en creer que la lección surge como culminación de la experiencia misma. La fuerza vital y la destructiva son una y la misma. El sufrimiento es el precio del conocimiento:

              Bajo esta muerte, Amor, dichoso y mudo,
              no hay venas, piel ni sangre,
              sino la muerte sola;
              frenéticos silencios,
              eternos, confundidos,
              inacabable Amor manando muerte.

              Como al principio del poemario, la fuerza de la imagen logra cristalizar y transformar la experiencia individual en arquetipo universal. Así, el poema termina por ser la transfiguración mítica de la vida.

              Comentario

              • mileyes
                Le Zumba la Malanga
                • abr 2012
                • 14555

                #8
                En 1937 Octavio publica "Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España".

                Bajo tu clara sombra

                Octavio Paz


                Un cuerpo, un cuerpo solo, un solo cuerpo
                un cuerpo como día derramado
                y noche devorada;
                la luz de unos cabellos
                que no apaciguan nunca
                la sombra de mi tacto;
                una garganta, un vientre que amanece
                como el mar que se enciende
                cuando toca la frente de la aurora;
                unos tobillos, puentes del verano;
                unos muslos nocturnos que se hunden
                en la música verde de la tarde;
                un pecho que se alza
                y arrasa las espumas;
                un cuello, sólo un cuello,
                unas manos tan solo,
                unas palabras lentas que descienden
                como arena caída en otra arena....

                Esto que se me escapa,
                agua y delicia obscura,
                mar naciendo o muriendo;
                estos labios y dientes,
                estos ojos hambrientos,
                me desnudan de mí
                y su furiosa gracia me levanta
                hasta los quietos cielos
                donde vibra el instante;
                la cima de los besos,
                la plenitud del mundo y de sus formas.

                Comentario

                • mileyes
                  Le Zumba la Malanga
                  • abr 2012
                  • 14555

                  #9
                  Entre la piedra y la flor
                  por Octavio Paz

                  A Teodoro Cesarman

                  I

                  Amanecemos piedras.
                  Nada sino la luz. No hay nada
                  sino la luz contra la luz.

                  La tierra:
                  palma de una mano de piedra.

                  El agua callada
                  en su tumba calcárea.
                  El agua encarcelada,
                  húmeda lengua humilde
                  que no dice nada.

                  Alza la tierra un vaho.
                  Vuelan pájaros pardos, barro alado.
                  El horizonte:
                  unas cuantas nubes arrasadas.

                  Planicie enorme, sin arrugas.
                  El henequén, índice verde,
                  divide los espacios terrestres.
                  Cielo ya sin orillas.

                  II

                  ¿Qué tierra es ésta?
                  ¿Qué violencias germinan

                  bajo su pétrea cascara,
                  qué obstinación de fuego ya frío,
                  años y años como saliva que se acumula
                  y se endurece y se aguza en púas?

                  Una región que existe
                  antes que el sol y el agua
                  alzaran sus banderas enemigas,
                  una región de piedra
                  creada antes del doble nacimiento
                  de la vida y la muerte.

                  En la llanura la planta se implanta
                  en vastas plantaciones militares.
                  Ejército inmóvil
                  frente al sol giratorio y las nubes nómadas.

                  El henequén, verde y ensimismado,
                  brota en pencas anchas y triangulares:
                  es un surtidor de alfanjes vegetales.
                  El henequén es una planta armada.

                  Por sus fibras sube una sed de arena.
                  Viene de los reinos de abajo,
                  empuja hacia arriba y en pleno salto
                  su chorro se detiene,
                  convertido en un hostil penacho,
                  verdor que acaba en puntas.
                  Forma visible de la sed invisible.

                  El agave es verdaderamente admirable:
                  su violencia es quietud, simetría su quietud.

                  Su sed fabrica el licor que lo sacia:
                  es un alambique que se destila a sí mismo.

                  Al cabo de veinticinco años
                  alza una flor, roja y única.
                  Una vara sexual la levanta,
                  llama petrificada.
                  Entonces muere.

                  III

                  Entre la piedra y la flor, el hombre:
                  el nacimiento que nos lleva a la muerte,
                  la muerte que nos lleva al nacimiento.

                  El hombre,
                  sobre la piedra lluvia persistente
                  y río entre llamas
                  y flor que vence al huracán
                  y pájaro semejante al breve relámpago:
                  el hombre entre sus frutos y sus obras.

                  El henequén,
                  verde lección de geometría
                  sobre la tierra blanca y ocre.
                  Agricultura, comercio, industria, lenguaje.
                  Es una planta vivaz y es una fibra,
                  es una acción en la Bolsa y es un signo.

                  Es tiempo humano,
                  tiempo que se acumula,
                  tiempo que se dilapida.

                  La sed y la planta,
                  la planta y el hombre,
                  el hombre, sus trabajos y sus días.

                  Desde hace siglos de siglos
                  tú das vueltas y vueltas
                  con un trote obstinado de animal humano:
                  tus días son largos como años
                  y de año en año tus días marcan el paso;
                  no el reloj del banquero ni el del líder:
                  el sol es tu patrón,
                  de sol a sol es tu jornada
                  y tu jornal es el sudor,
                  rocío de cada día
                  que en tu calvario cotidiano
                  se vuelve una corona transparente
                  -aunque tu cara no esté impresa
                  en ningún lienzo de Verónica
                  ni sea la de la foto
                  del mandamás en turno
                  que multiplican los carteles:
                  tu cara es el sol gastado del centavo,
                  universal rostro borroso;
                  tú hablas una lengua que no hablan
                  los que hablan de ti desde sus pulpitos
                  y juran por tu nombre en vano,
                  los tutores de tu futuro,
                  los albaceas de tus huesos:
                  tu habla es árbol de raíces de agua,
                  subterráneo sistema fluvial del espíritu,
                  y tus palabras van -descalzas, de puntillas-
                  de un silencio a otro silencio;
                  tú eres frugal y resignado y vives,
                  como si fueras pájaro,
                  de un puño de pinole en un jarro de atole;
                  tú caminas y tus pasos
                  son la llovizna en el polvo;
                  tú eres aseado como un venado;
                  tú andas vestido de algodón
                  y tu calzón y tu camisa remendados
                  son más blancos que las nubes blancas;
                  tú te emborrachas con licores lunares
                  y subes hasta el grito como el cohete
                  y como él, quemado, te desplomas;
                  tú recorres hincado las estaciones
                  y vas del atrio hasta el altar
                  y del altar al atrio
                  con las rodillas ensangrentadas
                  y el cirio que llevas en la mano
                  gotea gotas de cera que te queman;
                  tú eres cortés y ceremonioso y comedido
                  y un poco hipócrita como todos los devotos
                  y eres capaz de triturar con una piedra
                  el cráneo del cismático y el del adúltero;
                  tú tiendes a tu mujer en la hamaca
                  y la cubres con una manta de latidos;
                  tú, a las doce, por un instante,
                  suspendes el quehacer y la plática,
                  para oír, repetida maravilla,
                  dar la hora al pájaro, reloj de alas;

                  tú eres justo y tierno y solícito
                  con tus pollos, tus cerdos y tus hijos;
                  como la mazorca de maíz
                  tu dios está hecho de muchos santos
                  y hay muchos siglos en tus años;
                  un guajolote era tu único orgullo
                  y lo sacrificaste un día de copal y ensalmos;
                  tú llueves la lluvia de flores amarillas,
                  gotas de sol, sobre el hoyo de tus muertos

                  -mas no es el ritmo oscuro,
                  el renacer de cada día
                  y el remorir de cada noche,
                  lo que te mueve por la tierra:

                  IV

                  El dinero y su rueda,
                  el dinero y sus números huecos,
                  el dinero y su rebaño de espectros.

                  El dinero es una fastuosa geografía:
                  montañas de oro y cobre,
                  ríos de plata y níquel,
                  árboles de jade
                  y la hojarasca del papel moneda.

                  Sus jardines son asépticos,
                  su primavera perpetua está congelada,
                  son flores son piedras preciosas sin olor,
                  sus pájaros vuelan en ascensor,
                  sus estaciones giran al compás del reloj.

                  El planeta se vuelve dinero,
                  el dinero se vuelve número,
                  el número se come al tiempo,
                  el tiempo se come al hombre,
                  el dinero se come al tiempo.

                  La muerte es un sueño que no sueña el dinero.

                  El dinero no dice tú eres:
                  el dinero dice cuánto.

                  Más malo que no tener dinero
                  es tener mucho dinero.

                  Saber contar no es saber cantar.

                  Alegría y pena
                  ni se compran ni se venden.

                  La pirámide niega al dinero,
                  el ídolo niega al dinero,
                  el brujo niega al dinero,
                  la Virgen, el Niño y el Santito
                  niegan al dinero.

                  El analfabetismo es una sabiduría
                  ignorada por el dinero.

                  El dinero abre las puertas de la casa del rey,
                  cierra las puertas del perdón.

                  El dinero es el gran prestidigitador.
                  Evapora todo lo que toca:
                  tu sangre y tu sudor,
                  tu lágrima y tu idea.
                  El dinero te vuelve ninguno.

                  Entre todos construimos
                  el palacio del dinero:
                  el gran cero.

                  No el trabajo: el dinero es el castigo.
                  El trabajo nos da de comer y dormir:
                  el dinero es la araña y el hombre la mosca!
                  El trabajo hace las cosas:
                  el dinero chupa la sangre de las cosas.
                  El trabajo es el techo, la mesa, la cama:
                  el dinero no tiene cuerpo ni cara ni alma.

                  El dinero seca la sangre del mundo,
                  sorbe el seso del hombre.

                  Escalera de horas y meses y años:
                  allá arriba encontramos a nadie.

                  Monumento que tu muerte levanta a la muerte.

                  Comentario

                  • mileyes
                    Le Zumba la Malanga
                    • abr 2012
                    • 14555

                    #10
                    Ciertos analistas literarios han hallado influencia de Quevedo en Paz:

                    http://www.um.es/tonosdigital/znum9/...PazQuevedo.htm


                    Hay un largo poema, "Entre la piedra y la flor", fruto de una simbiosis cultural, indígena e hispánica, donde se remansan los ideales barrocos y la pasión por la tierra:

                    Entre la piedra y la flor, el hombre:
                    el nacimiento que nos lleva a la muerte,
                    la muerte que nos lleva al nacimiento.


                    Aparte de otras consideraciones, nos interesa el fragmento cuarto que parece una glosa de aquel otro poema quevediano, entre el humor y la verdad, "Poderoso caballero, es don dinero". O. Paz inicia el poema recordando la danza de la muerte o las reuniones corales desinteresadas de los reyezuelos y príncipes mexicas,

                    El dinero y su rueda,
                    el dinero y sus números huecos,
                    el dinero y sus rebaños de espectros.

                    Para pasar por encima de su poder prodigándole su desprecio:

                    Sus jardines son asépticos,
                    su primavera perpetua está congelada,
                    sus flores son piedras preciosas sin olor,
                    sus pájaros vuelan en ascensor,
                    sus estaciones giran al compás del reloj.

                    Terminando por reconocer, al igual que el español, el atractivo irresistible ejercido por el dinero sobre la sociedad, las conciencias y las ideas:

                    El planeta se vuelve dinero,
                    el dinero se vuelve número,
                    el número se come al tiempo,
                    el tiempo se come al hombre,
                    el dinero se come al tiempo.

                    Datos dispersos, actitudes parecidas, coincidencias temáticas, citas quevedianas expresas, que no suponen una conciencia imitadora sino remanso de lecturas, savia nutridora. Creo que todo esto es preparación para empresas superiores donde la sospecha cede paso a la evidencia. Tras la modernización de Góngora, y esto es ya historia, vino la época de Quevedo. El barroco en su integridad. No es O. Paz el único quevediano en México; la narrativa de la Revolución, A. Yáñez, J. Rulfo, pueden hablar en voz alta de sus diálogos con el conceptista español. Nuestro poeta mexicano, después de Bajo tu clara sombra y Calamidades y milagros, se inclina decididamente hacia una temática amorosa y es en ella donde encuentra el ideario quevediano su exponente más hondo, bien como contraste, bien como decisivo soporte. A este nuevo motivo dedicamos la segunda parte de esta exposición.

                    Comentario

                    • mileyes
                      Le Zumba la Malanga
                      • abr 2012
                      • 14555

                      #11
                      Las plantas que menciona Octavio Paz en "Entre la piedra y la flor":


                      HENEQUÉN




                      AGAVE


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                      • mileyes
                        Le Zumba la Malanga
                        • abr 2012
                        • 14555

                        #12
                        SOBRE LA ESTANCIA DE OCTAVIO PAZ EN YUCATÁN

                        http://www.meridadeyucatan.com/entre...ta-en-yucatan/

                        En el año de 1937 Octavio·Paz vivió durante unos meses en la ciudad de Mérida. Se impresionó por la miseria de los campesinos mayas y advirtió que, si bien el gobierno había repartido las tierras, la condición de éstos no había mejorado: seguían dependiendo de las vicisitudes del mercado internacional y de una burocracia ineficiente y corrupta. Esto lo llevó a escribir un poema
                        http://www.letraslibres.com/revista/...paz-en-yucatan


                        Paz releía a T.S. Eliot, a quien había descubierto en 1930 en las traducciones de Enrique Munguía para Contemporáneos. Sobre todo The Waste Land (El páramo, en esa traducción38), con el que Paz vio similitudes en la blanca y árida llanura yucateca, "rodeada de infinito por todas partes". Impulsado por el paisaje helado y estéril de Eliot, comenzó a escribir un poema ambicioso, "Entre la piedra y la flor", un poema en el que la aridez de la planicie yucateca, una tierra reseca y cruel39

                        Cuando la luz extiende su dominio
                        e inundan blancas olas a la tierra,
                        blancas olas temblantes que nos ciegan,
                        y el puño del calor nos niega labios40

                        una tierra reseca y cruel que apareciese como la imagen de lo que hacía el capitalismo —que para mí era el demonio de la abstracción—

                        ¡El mágico dinero!
                        Invisible y vacío,
                        es la señal y el signo,
                        la palabra y la sangre,
                        el misterio y la cifra,
                        la espada y el anillo

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                        • mileyes
                          Le Zumba la Malanga
                          • abr 2012
                          • 14555

                          #13
                          NOCHE DE RESURRECCIONES

                          Octavio Paz

                          I

                          Blanda invasión de alas es la noche.
                          Laten bajo su pecho las criaturas.
                          Ensimismadas laten y latiendo
                          de sí mismas se olvidan y comulgan,
                          al fluir de las horas entregadas.

                          Viento parado en una apenas rama;
                          aguas mudas, sonámbulas, sin freno;
                          tierra henchida soñando cielos puros;
                          sangre tenaz y solitario río
                          donde la noche nace y desemboca.

                          De un costado del hombre nace el día.

                          II

                          Vuelve los ojos hacia tu más cercana muerte,
                          hacia el tiempo sin límites
                          y la noche desértica,
                          sin orillas ni fondo;
                          vuelve los ojos hacia tu diario nacimiento,
                          vuelve los ojos, ve.

                          Tocas mi corazón, oh tenebrosa,
                          con mano blanda y grave,
                          vencida, que me vence;
                          y cede su latir a las corrientes
                          que nos empujan hacia dentro,
                          allá donde un mar quieto
                          hace encallar la luz,
                          donde lo vivo nace
                          y en la muerte final se reconcilia.

                          Vuelve los ojos, ve.
                          Toca mi corazón,
                          escucha su respuesta.
                          Aguas de lentos hombros nos empujan.
                          Todos los mares callan,
                          detienen sus mareas.
                          Yacemos indefensos,
                          isla que late entre lo inmóvil,
                          vértigos en que flota
                          la angustia de dos sangres
                          que buscan sus orígenes.

                          Todas las formas que derriba el sueño
                          o deshace la tierra,
                          llegan, por nuestra sangre, hasta la suya.

                          III

                          Lates entre la sombra,
                          blanca y desnuda: río.
                          Canta tu corazón, alza tus pechos,
                          y arrastra entre sus aguas
                          horas, memorias, días,
                          despojos de ti misma.
                          Entre riberas impalpables huyes,
                          mojando las arenas del silencio.

                          ¿Adónde va ese son?,
                          ¿qué muros besan esas aguas?,
                          ¿dónde mueren o callan,
                          y en qué silencio vierten su rumor?

                          Blanca y desnuda me rodeas.
                          Agua blanca y desnuda
                          bajo mi cuerpo oscuro, roca,
                          cantil que muerde y besa un agua honda,
                          hecha de espuma y sed.

                          Pero callas, dormida,
                          y en el silencio desembocas.
                          Yaces inmóvil, quieta,
                          paralizado río,
                          desnudez blanca y pétrea.

                          Sólo tu cabellera,
                          semejante a las yerbas
                          que arrastra la corriente,
                          oscila entre la sombra,
                          eléctrica, mojada por lo oscuro.

                          Entre riberas impalpables quedas,
                          blanca y desnuda, piedra.

                          IV

                          Vivimos sepultados en tus aguas desnudas,
                          noche, gran marejada, vapor o lengua lenta,
                          codicioso jadeo de inmensa bestia pura.

                          La tierra es infinita, curva como cadera,
                          henchida como pecho, como vientre preñado,
                          mas como tierra es tierra, reconcentrada, densa.

                          Sobre esta tierra viva y arada por los años,
                          tendido como río, como piedra dormida,
                          yo sueño y en mí sueña mi polvo acumulado.

                          Y con mi sueño crece la silenciosa espiga,
                          es soledad de estrella su soledad de fruto,
                          dentro de mí se enciende y alza su maravilla.

                          Duele, atroz dulzura, ciego cuerpo nocturno
                          a mi sangre arrancado, dueles, dolida rama,
                          caída entre las formas, en la entraña del mundo.

                          Dueles, recién parida, luz tan en flor mojada;
                          ¿qué semillas, qué sueños, qué inocencias te laten,
                          dentro de ti me sueñan, viva noche del alma?

                          El sueño de la muerte te sueña por mi carne,
                          mas en tu carne sueña mi carne su retorno,
                          que el sueño es una entraña para el alma que nace.

                          Sobre cenizas duermo, sobre la piel del globo;
                          en mi costado lates y tu latir me anega:
                          las aguas desatadas del bautismo remoto
                          mi sueño mojan, nombran y corren por mis venas.

                          Comentario

                          • mileyes
                            Le Zumba la Malanga
                            • abr 2012
                            • 14555

                            #14
                            A "Noche de resurrecciones" la analizan en este link, en cuanto a su mención del agua:

                            http://www.teorema.com.mx/agua/el-ag...e-octavio-paz/

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                            • mileyes
                              Le Zumba la Malanga
                              • abr 2012
                              • 14555

                              #15



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