Apologética y teodicea. - El Foro Libre
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Apologética y teodicea.

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    • dic 2017
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    Apologética y teodicea.

    [Apologética y teodicea. Comentario 1].
    Nunca olvidaré la conversación que en los ambientes universitarios de Biología tuve con un ateo, quien en la niñez había sido creyente. Por alguna razón que ahora no recuerdo bien, salió a relucir el tema de la inspiración divina de la Biblia y la creencia en el Dios del Antiguo Testamento. Pues bien, después de más o menos un cuarto de hora de interlocución, el ateo se puso un poco intransigente y me dio a entender, con sutileza, que mi postura a favor de la Sagrada Escritura adolecía de una considerable falta de formación lógica y científica. Yo, por mi parte, desgraciadamente, no supe reaccionar con sabiduría y le parafraseé con cierto reproche el pasaje bíblico que se encuentra en la epístola del apóstol Pablo a los cristianos romanos, capítulo 1, versículo 20: "Porque las cosas invisibles de él (se sobreentiende: de Dios), su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa" (Biblia de Reina-Valera de 1960). Acto seguido, el ateo me contestó de una manera tan magistral y sorprendente que me dejó boquiabierto. Quedé aturdido, y no pude reaccionar. De hecho, llegué a sertir lástima de mí mismo y de mi propia fe cristiana, porque percibí interiormente que ésta podría desmoronarse progresivamente en el futuro inmediato. ¿Cuáles fueron sus palabras?
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    • dic 2017
    • 22

    #2
    [Apologética y teodicea. Comentario 2].
    Bueno, el ateo comenzó por preguntarme qué pensaba yo de ciertos fenómenos biológicos de gran complejidad estructural, tales como la polinización de las plantas por el concurso de aves e insectos o las simbiosis. Enseguida le contesté que había de tener más fe un individuo que afirmara que toda esa intríngulis biosférica era el producto del ciego azar evolutivo que un sujeto que declarara que semejante parafernalia de extrema complejidad era el resultado del diseño inteligente. Inmediatamente me dijo que en el mismo orden de riqueza estructural se encontraban las relaciones de depredación y parasitismo entre muchos de los seres vivientes de este planeta, sólo que aquí, además, un observador podría encontrar con relativa facilidad actuaciones tan crueles, retorcidas y sanguinarias que no serían aptas para los ojos de cualquier niño criado en un ambiente pacífico y de moralidad altruísta, so pena de herir sus sentimientos y de exponerlo a indigestiones emocionales que pudieran llegar a ser graves; mucho peor en el supuesto de que el infante hubiera sido educado en la idea de la existencia de un Creador cuya bondad se manifiesta en la armonía y cooperación que hipotéticamente reinan en la Naturaleza... Y, entonces, el ateo pasó a estremecerme con dos ejemplos.

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      • dic 2017
      • 22

      #3
      [Apologética y teodicea. Comentario 3].
      El primer ejemplo tenía que ver con las plantas carnívoras, las cuales, aparentemente, están unívocamente diseñadas para depredar insectos y pequeños vertebrados (ranas, roedores); un dantesco tipo de diseño éste, tan pródigo en habilidades y refinamientos crueles, que servirían de inspiración y deleite para los instintos sádicos de un torturador chino. Por lo tanto, admitir que tales especímenes botánicos han sido concebidos por diseño inteligente sería equivalente, según mi interlocutor ateo, a ubicar a la deidad creadora dentro del panteón de los dioses de la mitología griega, clásicos ejemplos de maldad y ultraje indescriptibles, quienes comparativamente harían que cualquier humano adorador de ellos, por perverso que fuera, quedara convertido en santo. Por lo tanto, según él, la postura atea era más humanitaria y más lógica desde el punto de vista ético y moral que la postura del creyente. Estos argumentos me tomaron por sorpresa y enmudecí, y finalmente claudiqué, como final del asalto, yéndome figurativamente hacia el banquillo situado en el vértice del cuadrilátero, cual boxeador al que se le extiende la oportunidad de reponer fuerzas y vitalidad cuando suena la campana que clausura transitoriamente la pelea. Pero en este caso mi oponente decidió abandonar la lucha dialéctica, por considerarla aburrida, despidiéndose de mí con una última carga devastadora, lanzada a modo de torpedo salido de un submarino en retirada. Se trataba de un segundo ejemplo, que reforzaba al primero y cuyo objetivo era consolidar incontestablemente la postura “racional y sabia”, y hasta de una “moral superior”, del ateo (todo ello, evidentemente, en función de la particular interpretación de la realidad biosférica que dicho ateo se había fraguado): En dirección centrífuga (desde el ser humano hacia los vivientes más “primitivos”, en la escala filogenética), existen virus (el de la rabia, por ejemplo), bacterias (bacilo tetánico y sus terribles neurotoxinas), protozoos (amebiasis) y metazoos (quiste hidatídico) de unívoco diseño que están destinados a causar inimaginables sufrimientos al enfermo humano y animal; depredadores mamíferos que para alimentar a su prole cazan herbívoros, a veces herbívoros hembras, con lo que las crías pasan a quedar desvalidas y absolutamente desamparadas y mueren por inanición y en tal condición de desamparo que harían llorar de pena a cualquier observador humano medianamente sensible que contemplara la situación sin poder intervenir; y hay avispas que convierten a orugas o cucarachas en zombis y luego depositan sus voraces larvas en el interior del desafortunado insecto, quien muere lentamente siendo devorado por las insaciables larvas (las cuales parecen poseer una excepcional habilidad para acabar con la víctima de la forma más lenta posible, a fin de agotar al máximo las posibilidades de seguir consumiendo alimento fresco e incorrupto); en fin, un etcétera macabro tan largo y variopinto que su enumeración sería infinita. Con esto el ateo revalidó su postura por n-ésima vez, supongo. No obstante, a pesar del impacto y aturdimiento que el razonamiento de mi interlocutor me causó, por aproximadamente un mes, aquella experiencia tuvo el efecto feliz de espolearme para asegurarme de que mi fe cristiana no era una necedad y de que la santa Biblia era realmente la Palabra de Dios. El resultado fue bueno y edificante para mí, pero no fue gratuito; es decir, hube de hacer un notable esfuerzo investigador para conseguir bendiciones. Hube de actuar en armonía con el siguiente pasaje sagrado...

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        • dic 2017
        • 22

        #4
        [Apologética y teodicea. Comentario 4].
        ... “Hijo mío, si recibes mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros (se sobreentiende: Un esfuerzo nada pequeño por hallar conocimiento y sabiduría, en conexión con las directrices divinas y con respecto a su obra creativa), entonces entenderás el temor de Jehová (se sobreentiende: El temor reverente hacia Dios, que es entendido por el adorador bien informado en el sentido de que la sabiduría divina es apoteósica y excede todo lo imaginable por el hombre; algo que causa tanta admiración en el devoto que no puede menos que sentir una especie de sobrecogimiento parecido a un vértigo de astronauta, al contemplar la inmensidad del espacio sideral en relación con su infinita pequeñez), y hallarás el conocimiento de Dios (se sobreentiende: Algunas Biblias hablan de la ciencia divina, en lugar del conocimiento, y esto quiere dar a entender que hallar dicho conocimiento es un gran privilegio porque supone alcanzar una comprensión de la realidad, biosfera incluída, que permite, evidentemente a un grado limitado y soportable por el cerebro humano, explicar cosas aparentemente inexplicables)” (Libro sagrado de los proverbios de Salomón, capítulo 2, versículos 1-5; Biblia de Reina-Valera de 1960).

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          • dic 2017
          • 22

          #5
          [Apologética y teodicea. Comentario 5].
          Afortunadamente, tuve éxito; porque pude encontrar una línea de argumentación que prometía rebatir eficazmente los razonamientos ateos y materialistas que mi interlocutor había esgrimido contra mis creencias más preciadas, unas creencias que daban propósito y sentido a mi vida (por eso eran valiosísimas referencias existenciales desde mi punto de vista). Recuerdo que durante los días de zozobra que experimenté a resultas de la conversación con este hombre, se me alojó en la mente, de manera persistente, un pasaje de la sagrada escritura que decía: “Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó (nota: Comprendí que si el ateo tenía razón, entonces la enseñanza fundamental de la resurrección, en la que se supone que creen los cristianos, es ficticia y no hay esperanza, sino que el mañana es desolador). Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación (nota: No habría buenas nuevas que proclamar, de modo que la evangelización sería absurda). Y somos convictos (se sobreentiende: Se nos podría acusar) de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan (nota: Peor aún, pues desde el prisma del ateo, Dios no existe). Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados (nota: Permanecer en el pecado, o en el error, significa muerte; pues en la sagrada escritura se conecta el pecado con la muerte). Por tanto, también los que durmieron (se sobreentiende: Durmieron en la muerte) en Cristo perecieron. Si solamente en esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más dignos de compasión de todos los hombres (se sobreentiende: En el supuesto de que Cristo no hubiera resucitado, todo el que pone fe en que él fue levantado de entre los muertos es verdaderamente digno de la mayor compasión o lástima; pues semejante creyente habrá llevado una existencia colmada de privaciones materialistas, exenta de placeres egoístas contraproducentes y salpicada de adversidades causadas por agentes anticristianos ¿para qué?; para nada)” (Primera carta del apóstol Pablo a los cristianos corintios, capítulo 15, versículos 13-19; Biblia de Jerusalén de 1975).

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            • dic 2017
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            #6
            [Apologética y teodicea. Comentario 6].
            En realidad, ese razonamiento paulino (expuesto en el comentario 5), tendente a asentar la veracidad de la resurrección de Jesucristo, era una apología o defensa de la fe mediante razonamientos. De hecho, la “apología” es básica para la fe, puesto que por medio de ella nos convencemos a nosotros mismos de que estamos en el camino correcto y, de paso, podemos ayudar a otros a afianzarse de la verdad revelada. Sin embargo, la “apología”, o, mejor y de manera más general, la “apologética” (rama de la teología preocupada por la defensa intelectual de la verdad cristiana), no tiene por qué ser agresiva. No se trata de demostrarse uno a sí mismo que tiene la verdad a costa de derrotar o ridiculizar las creencias de los demás, sino, más bien, de convencerse uno de sus propias doctrinas y entonces ofrecer de manera pacífica y respetuosa al prójimo la oportunidad de que éste, si lo desea, se beneficie libremente de nuestro aporte. A este respecto, el apóstol Pedro escribió lo siguiente: “Santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa (se sobreentiende: Apología) ante todo el que os demande razón (se sobreentiende: Razones o raciocinio; lógica) de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia (se sobreentiende: Respeto profundo, evitando así herir las susceptibilidades)” (Primera epístola de Pedro, capítulo 3, versículo 15; Biblia de las Américas).

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              • dic 2017
              • 22

              #7
              [Apologética y teodicea. Comentario 7].
              El vocablo español “apología” proviene de su homógrafo griego romanizado “apología”, que pasó al latín con esa misma grafía romanizada. Su acepción original era “defensa” en sentido general, aunque siempre circunscrito al dominio de la dialéctica. La “apología”, pues, es el discurso que se realiza en defensa o alabanza de algo o alguien; de modo que se trata de un conjunto de expresiones orales, escritas o de otro tipo, que se difunden con la intención de brindar apoyo a una causa, organización o persona. Parece que las primeras apologías fueron a favor de Sócrates, ya muerto, de parte de Platón y Jenofonte, sus fervientes admiradores. Centurias más tarde, algunos cristianos bien instruidos académicamente utilizaron la técnica apologética para defender la fe cristiana frente a las acusaciones realizadas contra ella por parte de individuos opositores durante los siglos II y III de nuestra era. Se trataba de una reacción defensiva ante las burlas, críticas y desprecios hechos a los cristianos por parte de autores romanos que catalogaban peyorativamente de secta al incipiente cristianismo. Por lo tanto, las apologías cristianas eran escritos dirigidos a los no cristianos con el fin de darles a conocer la fe y las costumbres de esta nueva religión basada en la figura mesiánica de Jesús. Según algunos autores, la obsesión por encontrar argumentos a favor de la fe en Cristo, mediante el uso de metodologías académicas sutilmente impregnadas de filosofías emanadas de elementos paganos, se extralimitó y empezó a desentonar de la manera en que el apóstol Pablo defendió la fe y también se alejaron gradualmente de la pauta señalada por las siguientes palabras del señor Jesucristo: “El trabajo que yo los envío a hacer (se sobreentiende: La evangelización o proclamación pública de las buenas nuevas) es peligroso. Es como enviar ovejas a un lugar lleno de lobos. Por eso, sean listos y estén atentos como las serpientes, pero sean también humildes (se sobreentiende: Hay un peligro intríseco que consiste en confiar más en los propios razonamientos y decisiones de uno que en los razonamientos basados en los consejos bíblicos, y esto es causado por una altanería subconsciente acrecentada por la tendencia heredada hacia el error, es decir, por el denominado “pecado original”), como las palomas. Tengan cuidado, porque los entregarán a las autoridades y los golpearán en las sinagogas. Por ser ustedes mis discípulos, los llevarán ante reyes y gobernadores, y ustedes hablarán de mi parte ante ellos y ante su gente. Cuando los entreguen, no se preocupen por lo que van a decir, ni cómo van a decirlo, porque en ese momento Dios les indicará lo que deben decir” (Evangelio según Mateo, capítulo 10, versículos 16-19; Traducción de la Biblia al lenguaje actual, edición del año 2000, producida por las Sociedades Bíblicas Unidas).

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                • dic 2017
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                #8
                [Apologética y teodicea. Comentario 8].
                Rastreando la sagrada escritura, podemos decir que las primeras defensas racionales a favor de la fe cristiana las llevó a cabo el propio Jesucristo. Sus principales adversarios fueron individuos ilustres de entre sus mismos hermanos de raza, tales como escribas, fariseos, saduceos y sacerdotes. Por ejemplo, en el relato evangélico se lee: «Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan” (se sobreentiende: Recriminaban a Jesucristo por la actuación de sus seguidores, quienes no procedían según tradiciones humanas minuciosas que apenas tenían valor a los ojos de Dios). Respondiendo él, les dijo: “¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? (se sobreentiende: Jesús les replica, señalando que ellos habían entrado en un conflicto contra la ley de Dios, al anteponer tradiciones humanas que obstruían el cumplimiento de dicha ley y al inculcarlas en los demás). Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre (se sobreentiende: El egoísmo humano, que abundaba en aquella época y en aquella sociedad judaica, justificaba el abandono a la indigencia de padres y madres envejecidos por medio de apartar los recursos económicos, que podrían servir para ayudar a los progenitores, en calidad de ofrenda en perspectiva, ni siquiera efectiva o real, destinada al Templo; y esto era algo repugnante a la vista de Dios). Así habéis invalidado el mandamiento de Dios (se sobreentiende: Un mandamiento caritativo o misericordioso) por vuestra tradición”» (Evangelio según Mateo, capítulo 15, versículos 1-6; Biblia de Reina-Valera de 1960).

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                  • dic 2017
                  • 22

                  #9
                  [Apologética y teodicea. Comentario 9].
                  Otra figura relevante en cuanto a defender la fe cristiana con poderosos razonamientos fue el apóstol Pablo. Por ejemplo, a mediados del siglo I de nuestra era este apóstol visitó Atenas en su segunda gira misional. A medida que transita la ciudad, que era el centro griego del saber donde antaño difundieron sus doctrinas Sócrates, Platón y Aristóteles, se percata de que además es una metrópoli sumamente religiosa. A cada paso que da se topa con un ídolo: en los templos, en las plazas, en las calles... esto es, por doquiera que camina. Allí se daba culto a todo un panteón de absurdas divinidades y también a filosofías racionalistas, aglutinándose en tan relativamente pequeño reducto urbano todos esos elementos antagónicos, dispares e incoherentes entre sí. El fiel apóstol no sólo conoce lo que piensa Dios acerca de las imágenes idolátricas, sino que, además, debido a su gran preparación académica y a su clarividencia, sabe muy bien que la idolatría convierte al ser humano en una piltrafa pseudointeligente a merced de las manipulaciones demoníacas, a modo de marioneta abusada, con todas las malsanas consecuencias que se derivan de ello, tanto a nivel individual como a nivel colectivo. En su papel de evangelizador, aparte de razonar en base a las sagradas escrituras con los judíos de la Diáspora, en la sinagoga local, consideró oportuno entrar en contacto con los atenienses ajenos al judaísmo, en el Ágora, al noroeste de la Acrópolis. Semejante lugar era el corazón económico, político y cultural de la urbe y constituía el punto predilecto de los atenienses para reunirse y entablar discusiones intelectuales. En aquel marco de circunstancias se enfrentó a un público difícil, con filósofos de dos escuelas rivales: la epicúrea y la estoica. Los primeros creían que la vida había surgido al azar, por pura casualidad, y su actitud existencial se podría resumir en las siguientes palabras: “No hay necesidad de respetar o temer a Dios, pues en la muerte no se siente nada; el bien es alcanzable y el mal es soportable”. Los segundos, por su parte, daban prioridad a la lógica y a la razón, y rechazaban la idea de que Dios fuera un ser personal. Ninguno de los dos grupos era favorable a la creencia en la resurrección, y menos tal y como la enseñaban los discípulos de Cristo. Era patente, pues, que ambos sistemas filosóficos resultaban incompatibles con las verdades del cristianismo, y premonizaban dificultades inmediatas para la prédica del apóstol si éste no era suficientemente prudente y capaz de ejercer la máxima habilidad a la hora de exponer sus argumentos.

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                    • dic 2017
                    • 22

                    #10
                    [Apologética y teodicea. Comentario 10].
                    La manera en que el apóstol Pablo habló a aquellos atenienses es un ejemplo de apología, moderada y respetuosa para con las creencias ajenas, digno de ser imitado por todo defensor prudente y sensato de la fe cristiana: “Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: AL DIOS DESCONOCIDO. Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar. El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos humanas, ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. Él creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él (se sobreentiende: Gracias a Él) vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros: PORQUE SOMOS TAMBIÉN DE SU LINAJE. Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano. Dios, pues, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse (se sobreentiende: Arrepentirse o cambiar la manera absurda de pensar y de ver las cosas que atañen al Todopoderoso), porque ha fijado el día en que va a juzgar al mundo según justicia, por el hombre que ha destinado (se sobreentiende: Jesucristo es ese “hombre destinado”, quien murió a favor de la humanidad para poder salvar al máximo número de humanos posible; y por eso su juicio será benévolo y misericordioso, favorable para los humildes o mansos y desfavorable para los malvados o perversos), dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos” (Hechos de los apóstoles, capítulo 17, versículos 22-31; Biblia de Jerusalén de 1975).

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                      • 22

                      #11
                      [Apologética y teodicea. Comentario 11].
                      Pero lo que verdaderamente motivó la aparición de los apologistas cristianos no fue la intentona de imitar las habilidades y maestría del apóstol Pablo en defensa de la fe, sino más bien una lucha dialéctica contra la persecución que las autoridades romanas lanzaron hacia los discípulos de Jesús durante todo el siglo II de nuestra era. Antes de eso, la hostilidad contra los seguidores de Cristo había procedido casi exclusivamente de los judíos. Incluso la terrible persecución de Nerón, acaecida durante los años 64 a 68 de nuestra era, parece que fue vigorosamente inducida por los judíos y filojudíos que estaban en el entorno del emperador, de manera que éste simplemente se dejó arrastrar por dicha influencia y acusó a los cristianos del incendio de Roma, iniciando así una de las más crueles y sanguinarias batidas históricas contra los indefensos y pacíficos discípulos de Jesucristo. En efecto, según ciertos historiadores, Popea Sabina, segunda esposa de Nerón después de que éste repudiara a Octavia su primera consorte, era filojudía y estaba muy influída por los cabezas religiosos del judaísmo, quienes odiaban intensamente el cristianismo. De manera que, atando cabos, el entusiasmo romántico del lunático emperador por su segunda esposa y la animadversión de ésta hacia el movimiento cristiano fueron aparentemente los principales ingredientes terrestres (al margen de la consabida hostilidad demoníaca hacia dicho movimiento) que decantaron la terrible persecución. Adicionalmente, por supuesto, hay que señalar que el populacho, gentil o judío, también era proclive en general a considerar a los cristianos como vecinos molestos y odiosos, pues su conducta, moralmente elevada, constituía una censura silenciosa contra la actuación fraudulenta e impía de la mayoría de los súbditos del Imperio.

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                        • 22

                        #12
                        [Apologética y teodicea. Comentario 12].
                        Después de la persecución neroniana contra los cristianos de Roma, acaecida entre los años 64 y 68 de nuestra era, hubo una relativa calma en la hostigación gubernamental hacia los seguidores de Jesús. Pero al cabo unas dos décadas y media más tarde, el emperador Domiciano desató de nuevo una ola persecutoria anticristiana debido a que los discípulos de Jesucristo rehusaron adorarlo como si fuera un dios. Este emperador exigió para sí reverencia divina y asumió el título de “Dominus et Deus noster” (Nuestro Señor y Dios). El adorar al engreído emperador no supuso ningún problema para los que daban culto a dioses falsos, pero los cristianos primitivos no podían participar en aquello; por eso, hacia finales de la gobernación de Domiciano les sobrevino una severa persecución y algunos eruditos sostienen que fue este Domiciano quien desterró al cuasi centenario apóstol Juan a la isla de Patmos, el lugar donde el envejecido evangelista recibió y puso por escrito las revelaciones del Apocalipsis. Pero cuando Domiciano fue asesinado, en el año 96 de nuestra era, su sucesor Nerva fue más tolerante y parece que puso en libertad a Juan. Es muy posible, finalmente, que el longevo apóstol muriera en paz y no alcanzara a ver la siguiente oleada de hostilidades que se presentó en el escenario con la subida al poder del emperador Trajano.

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                          • 22

                          #13
                          [Apologética y teodicea. Comentario 13].
                          Según la tradición, fue durante la persecución domiciánica cuando el envejecido apóstol Juan fue desterrado a la isla penal de Patmos. Allí recibió las impactantes visiones proféticas del Apocalipsis; y parece que el anciano apóstol fue puesto en libertad durante el reinado del siguiente emperador, Nerva; y su Evangelio y sus 3 epístolas, quizás iniciados bajo el mandado de Nerva, fueron completados después que comenzó el gobierno de Trajano y tal vez poco antes de que se alcanzara el momento álgido de la persecución auspiciada por este último. Probablemente, Juan ya habría muerto poco antes de que dicho punto álgido se produjera. El terreno para el surgimiento de esa ola persecutoria contra los seguidores de Cristo ya estaba abonado desde años atrás, pues para los romanos resultaba inconcebible que una religión (la cristiana) exigiera devoción exclusiva a un único Dios. Si los dioses romanos no lo pedían, ¿por qué habría de hacerlo el Dios de los cristianos? Además, el culto a las divinidades imperiales se consideraba un simple reconocimiento del orden político. Por consiguiente, se tomaba como alta traición la denegación a someterse a dichas ceremonias. La Enciclopedia de McClintock y Strong, tomo X, página 519, informa además: “Los emperadores se vieron obligados a notar el cristianismo debido a los tumultos que entre el populacho incitaron los sacerdotes paganos, quienes observaban con alarma el notable progreso de aquella fe, y por eso Trajano tuvo que decretar la supresión gradual de la nueva enseñanza que transformaba a los hombres en odiadores de los dioses. La administración de Plinio el Joven como gobernador de Bitinia se complicó con asuntos que se desarrollaron como resultado de la rápida difusión del cristianismo y la consiguiente furia de la población pagana dentro de su provincia”.

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                            • dic 2017
                            • 22

                            #14
                            [Apologética y teodicea. Comentario 14].
                            Cayo Plinio Cecilio Segundo (61-113), conocido como Plinio el Joven, fue un abogado, escritor y científico de la antigua Roma, perseguidor de los cristianos. Era sobrino de Plinio el Viejo, considerado como el mejor naturalista de la antigüedad. Siendo niño, Plinio perdió a sus padres y posteriormente fue adoptado por su tío Plinio el Viejo, quien lo mandó a estudiar a Roma. Comenzó la carrera de leyes a la edad de 19 años, creciendo su reputación en este campo muy rápidamente. Se puede decir que su carrera es un resumen de todos los cargos públicos más importantes en Roma, y en efecto, Plinio contribuyó a la organización del Imperio en muchos de sus campos. Sus cartas son un testimonio único de la administración ordinaria del siglo primero. Su estilo es muy diferente de los usados hasta entonces, afirmando algunos críticos que Plinio es el inventor de un nuevo género literario: la carta escrita para ser publicada a modo de monografía. En sus primeras cartas de juventud describe la erupción del monte Vesubio y la muerte de su tío y mentor, Plinio el Viejo, a causa de dicha erupción en el año 79. Estas cartas estaban dirigidas a su amigo Tácito, que fue uno de los grandes historiadores romanos, para darle una visión cercana y certera de la muerte de su tío. De sus numerosas cartas (las Epistulae) se deduce su carácter más bien moderado. En una de sus últimas, escrita desde Bitinia entre los años 112 y 113, se dirigió al emperador Trajano describiendo la plaga en la que pensaba que se habían convertido los cristianos, así como el fuerte arraigo que tenían en sus creencias, y le explicó el procedimiento que seguía para encargarse de las personas a quienes se acusaba de profesar el cristianismo... un procedimiento que el emperador aprobó. A los que negaban que fueran cristianos se les ponía en libertad cuando, como dijo Plinio, “habían repetido la invocación que yo había hecho a los dioses, ofrecido incienso y vino a tu imagen [la de Trajano] [...] y, además, maldecido a Cristo”. Se ejecutaba a los que resultaban ser cristianos. Trataba al cristianismo como una superstición incómoda y se sorprendía del gran número de denuncias anónimas que se recibían en este campo. Trajano le respondió apoyando su actitud, pero ordenándole que no diera curso a las denuncias anónimas, probablemente para no dar pábulo a un régimen de desgaste y terror basado en la soplonería.

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                              • dic 2017
                              • 22

                              #15
                              [Apologética y teodicea. Comentario 15].
                              A finales del primer siglo de nuestra era y durante la primera parte del segundo, el rechazo persistente de los cristianos a tomar parte en algún acto de culto profano, sea para el honor de los dioses o para homenajear al emperador, comenzó a atraer sobre ellos la atención del gobierno romano. Había una ley contra todas las religiones que no estaban aprobadas por el estado, y esta ley podía, de un momento a otro, ser puesta en vigor. Era una especie de “espada de Damocles”, suspendida constantemente sobre la cabeza de los cristianos. Corrían el peligro de ser llevados ante los gobernadores a causa de las turbaciones y sediciones fomentadas contra ellos por los sacerdotes de los ídolos, por aquéllos que fabricaban imágenes, y que temían, como el Demetrio que se menciona en el capítulo 19 (versículos 23 y siguientes) del libro sagrado de los Hechos de los Apóstoles, que su negocio fuese reducido a nada; y finalmente también podían ser víctimas de infundios por aquéllos que vivían de los espectáculos y juegos públicos, a los cuales no se veía asistir a los discípulos de Cristo. En esa época, circulaban extrañas acusaciones contra ellos de quienes no sabían casi nada acerca de los cristianos y simplemente propagaban rumores maliciosos sin medir las terribles consecuencias que pudieran acarrear a sus víctimas. Por temor a que la persecución estallara, ellos se vieron obligados a reunirse en secreto; y no faltaban las personas que insinuaban que en estas reuniones pasaban cosas que no habrían podido soportar la luz del día (asesinato y canibalismo de niños pequeños, orgías de la peor clase, contubernios peligrosos, etc.). Temprano, bajo el reinado de Trajano, se había publicado un edicto declarando ilegales a todas las corporaciones y asociaciones. Se podía intuír enseguida cómo esta ley ponía en peligro a todas las pequeñas comunidades cristianas, formadas por personas unidas entre sí como hermanos en Cristo. Un testimonio claro y nada especulativo ha sido conservado de lo que debió ser la situación cotidiana de los cristianos frente a aquéllos que los rodeaban, y también con respecto al gobierno romano. Dicho testimonio lo constituye el conjunto de las cartas intercambiadas entre el emperador Trajano y el célebre escritor Plinio el joven, amigo del emperador. Estas misivas arrojan luz adicional sobre la persecución que los amenazaba entonces, y que pronto fue desencadenada.

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